Judah y sus aguerridos Macabeos pelearon muchas guerras durante años. Sufrieron derrotas, pero también obtuvieron milagrosas victorias. Finalmente después de muchas batallas, lograron retomar a Jerusalén. Cuando entraron quedaron atónitos, el Templo estaba desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, el atrio lleno de maleza, y todos los utensilios habían sido saqueados.
Matatías y sus hijos no estuvieron escondidos solos en las montañas. Pronto todos aquellos celosos de la Torah se unieron a ellos y formaron un pequeño ejército. Matatías estaba ya viejo y murió en las montañas, su hijo Judah tomo control del pequeño grupo. Judah y su equipo de libertad llegaron a ser conocidos como los “Macabeos” que significa “Martillos”.
Matatías y sus hijos eran sacerdotes que habían abandonado Jerusalén cuando el Templo había sido profanado. Pero no pudieron escapar del brazo de Antíoco. El rey envío oficiales a Modin, el pueblo de Matatías para forzarlos a sacrificar a un ídolo.
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