En Shavuot (Pentecostés) nos comprometimos en matrimonio con nuestro Amado cuando dijimos “Todo lo que YHVH ha dicho, haremos” – Éxodo 19:8. Durante el verano, conocimos mejor a nuestro Amado y empezamos a prepararnos para Su regreso por nosotros. Cuando suena la trompeta cada Yom Teruah, se nos recuerda que Su regreso es eminente. El matrimonio hebreo se hace bajo una Chupa, especie de tabernáculo o Suka. En Mateo 25, Yahshua compara Su regreso con unas bodas y nos exhorta a estar preparados con el aceite del Ruaj Hakoddesh para que cuando El regrese estemos listos. Parte de esa preparación es este ensayo de la “Fiesta de Sukkot” donde practicamos nuestro papel en los eventos futuros.
Con la obediencia viene la bendición. Esto no es legalismo, sino una celebración de gozo y júbilo que nos permite restaurar la unidad de los creyentes en YHVH. Yahshua dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” – Juan 14:15. Observemos la Fiesta – Mandamiento – y gocémonos en El. Sukkot está a la puerta.
Después de sacar a Su pueblo de la esclavitud en Egipto, YHVH lo llama al desierto, a tierra no sembrada en pos de Él, y cerca de dos millones de personas entre hombres, mujeres y niños, escucharon el llamado y salieron hacia la tierra prometida. El desierto es seco y duro, si no se va con suficiente provisión y protección, es un viaje suicida. Pero YHVH mismo los cubrió con nubes de gloria, los suplió supernaturalmente durante 40 años por el desierto. Efectuó milagro tras milagro, los guió, protegió, y también disciplinó cuando fue necesario. Y luego, le ordenó a Moisés que estos actos divinos debían ser conmemorados como la “Fiesta de Sukkot” – Levíticos 23:34.
“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. Para poder revelarse a Israel (Su amada), YHVH tiene que llevarla al desierto. Allí la rodea con Su amor y Su gloria, amarga las aguas para endulzarlas de nuevo y darle a beber agua de vida, agua de la Roca. Permite que el hambre los acose, para suplirlos con el Pan de vida. Hace todo esto para revelarle a Su pueblo que solo EL puede satisfacer todos sus necesidades y anhelos. Lo hizo en la antigüedad y nos dejó la sombra de lo que hará en el futuro.
Ya hemos tenido dos maravillosas citas con nuestro Adonai. Hemos coronado a nuestro Rey y hemos limpiado nuestro corazón. Ahora, estos cuatro días entre Yom Kippur y Sukkot son en verdad santos, especiales. Vamos a estar involucrados en la construcción de la Suka o tienda en la que habitaremos por siete días recordando como la poderosa mano de YHVH, nos sostiene, protege, provee y separa.
“Y Tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmera, ramas de árboles frondosos, y sauces del arroyo, y os regocijaréis delante de YHVH vuestro Elohim por siete días” – Levítico 23:40
La construcción de la Suka es una tarea hermosa pero que demanda todo de nuestra parte, rendición total a nuestro amado. Vamos a construir la morada para el Padre y luego nos gozaremos en El y lo adoraremos por lo que Es. “El que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada (Suka) con él” – Juan 14:23. Solo con la Palabra (Torah) podemos construir la Suka. Que estos días sean para reafirmar más nuestro corazón en la Palabra.
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