Saber algo sobre Elohim no es lo mismo que personalmente poner tu vida en sus manos. La diferencia entre un profesante y un verdadero creyente, es que este último lucha en medio del dolor, de la ambigüedad, del quebrantamiento, se sostiene como dice Hebreos 11:27 – “como viendo al Invisible”. Job dijo – “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos” – Job 13:15. Conocer a Elohim no es tener formulas teológicas, dogmas y credos. Hay camino que parece derecho… aun para creyentes profesionales (líderes), pero cuando llega la exigencia, cuando se dan cuenta que hay una obligación eterna de vivir auténticamente a la luz de la Verdad, el interés decae. Tomar el madero es difícil porque la carne no quiere morir, lucha por derechos que no quiere ceder al Señorío de Aquel a quien llama Padre. “¿Por qué me llamáis Adonai, Adonai, y no hacéis lo que yo digo?” – Lucas 6:46.
Los antiguos sabios preguntan “Por qué nuestros padres no pueden tener hijos” y contestan: “porque Elohim desea escuchar las oraciones de los justos”. Abraham, Isaac y Jacob tuvieron que orar por sus esposas para tener hijos. Era como si solo a través de largos períodos de clamor y espera la sustancia de su fe era realizada. Un proverbio hebreo dice que: “las acciones de los padres son señales para los hijos”, es decir que las narraciones de la Biblia sirven como parábolas o alegorías para nosotros. Por eso Pablo escribió que cuando Abraham fue declarado justo por su fe, no solo fue por él, sino por todos los que verdaderamente confiamos en que Elohim cumplirá Sus promesas – “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Elohim, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Elohim, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Yahshua nuestro Adonai” – Romanos 4:20-24.
Toda vida, ya sea física o espiritual, mana del corazón. Y así como, el corazón físico suple la vida a través de la sangre que fluye por las arterias, el corazón espiritual una vez cambiado por el Ruaj Hakoddesh, da vida al hombre. “Os daré un corazón nuevo… y pondré dentro de vosotros mi Espíritu” – Ezequiel 36:26-27. “Daré mi Ley (Torah) en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Elohim, y ellos me serán por pueblo” – Jeremías 31:33. La palabra “guardar” viene del hebreo H5341 = Natsar = Proteger / obedecer. Protegemos el corazón, cuidando que tu contenido, la Torah, no sea alterada ni contaminada con doctrinas de hombres – “No añadirás a la Palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de YHVH vuestro Elohim” – Deuteronomio 4:2. Obedecemos cuando somos hacedores y no oidores – Porque no son los oidores de la ley (Torah) los justos ante YHVH, sino los hacedores de la ley serán justificados” – Romanos 2:13. Es nuestra responsabilidad guardar el corazón de toda influencia negativa, debemos pedirle constantemente al Ruaj Hakoddesh que abra los ojos de nuestro corazón de acuerdo a la verdad de la Escritura y nos llene de su poder para transformar nuestros deseos y afectos de acuerdo al carácter del Mesías.
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