¿Qué hace que algunos tengan éxito y otros fracasen en la obtención de sus objetivos? ¿Qué determina el éxito? Muchos creen que el trasfondo familiar y la educación son los principales ingredientes, pero, ¿por qué, entonces, escuchamos que muchos sin estos ingredientes, con pocas habilidades o poco entrenamiento, obtienen grandes victorias? Seguramente hay algo más que determina el éxito en el logro de objetivos. Contrario a la definición de éxito que tiene la sociedad, lo cual debe involucrar: fama, fortuna o poder, el verdadero éxito es llegar a ser la persona que YHVH quiere que seamos, alcanzar los objetivos que El ha establecido para nuestras vidas. “Despojémonos de todo peso… y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). La Escritura responde claramente a nuestra pregunta. Despojémonos de todo lo que nos impide obedecer a YHVH y perseveremos con amor y convicción en el propósito de YHVH para nosotros. El tiene un plan maravilloso para todos y cada uno y ha prometido guiarnos a lo largo del camino. Llegar a ser lo que YHVH quiere que seamos debe ser el mayor éxito de nuestra vida.
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a El, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que El quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de El ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que El tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que El estuvo a nuestro lada cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevo a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
Este es el Nuevo Pacto (Jeremías 31:31 y 33). No existe un Antiguo Pacto obsoleto y echado a la basura, (“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio” (1Juan 2:7) lo que hizo al Antiguo Pacto imposible en determinado momento no fueron los estatutos, mandamientos y preceptos de Dios, sino el corazón del hombre. Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, e igualmente lo es Su Palabra, Sus mandamientos, Sus condiciones. Ahora no tenemos excusa, Dios en Su misericordia cambia el corazón de piedra por un corazón de carne, a todo aquel que le permita poner dentro de él Su Espíritu y ya no podrá decir que vivir bajo los parámetros de Dios es imposible. Esta es la verdadera Gracia, no la gracia barata que te ofrecen haciéndote creer que una simple oración será tu tiquete de salida del infierno. No, Dios demanda más. La vida dentro del Reino exige compromiso, y nosotros como ciudadanos del Reino, tenemos deberes y responsabilidades para con Dios, los demás y nosotros mismos. Nuestro paso por esta tierra viviendo bajo los preceptos de Dios son un ensayo para cuando nuestro Mesías reine en medio nuestro y este sistema como tal desaparezca y junto con él, sus corruptos líderes y métodos.
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