Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran trasgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero Dios ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con Dios. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
¿Qué hace que algunos tengan éxito y otros fracasen en la obtención de sus objetivos? ¿Qué determina el éxito? Muchos creen que el trasfondo familiar y la educación son los principales ingredientes, pero, ¿por qué, entonces, escuchamos que muchos sin estos ingredientes, con pocas habilidades o poco entrenamiento, obtienen grandes victorias? Seguramente hay algo más que determina el éxito en el logro de objetivos. Contrario a la definición de éxito que tiene la sociedad, lo cual debe involucrar: fama, fortuna o poder, el verdadero éxito es llegar a ser la persona que YHVH quiere que seamos, alcanzar los objetivos que El ha establecido para nuestras vidas. “Despojémonos de todo peso… y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). La Escritura responde claramente a nuestra pregunta. Despojémonos de todo lo que nos impide obedecer a YHVH y perseveremos con amor y convicción en el propósito de YHVH para nosotros. El tiene un plan maravilloso para todos y cada uno y ha prometido guiarnos a lo largo del camino. Llegar a ser lo que YHVH quiere que seamos debe ser el mayor éxito de nuestra vida.
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a El, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que El quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de El ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que El tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que El estuvo a nuestro lada cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevo a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
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