La Torah no solo nos relata el comienzo literal del espacio y tiempo, sino que también nos delinea la verdad fundamental que como pueblo de Elohim debemos reposar. Todos los días de la creación Elohim trabajó en ella, formó los cielos, mares, astros, criaturas vivientes, y todo su trabajo consistió en un acto: “Elohim dijo sea…” durante seis días, Su Devar (Palabra) creó el universo como El lo deseaba y aunque muchos crean que para Él, eso era muy fácil, El lo llamó trabajo y podemos ver que en el primer Shabbat, el primer séptimo día, no hizo ningún trabajo. Lo separó, lo santificó y ni una sola palabra salió en aquel día de la boca de Elohim. El no hablar quiere decir que no trabajó. Elohim establece desde el comienzo de la creación, el guardar el Shabbat como un péndulo que señala la línea vertical por donde el pueblo de Elohim debe andar, obedeciendo Su Palabra (Torah). Éxodo 31:13 – “… guardareis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy YHVH que os santifico”. Así, que, guardar el Shabbat no es opcional, es Torah (Instrucción) de YHVH para Su pueblo, lo establece como señal entre Él y nosotros. Ahora no solo separa y santifica el día, sino que también nos santifica en el. Guardar el Shabbat es parte de la Torah y Yahshua dijo: “… cualquiera que desobedezca el menor de estos mitzvot (mandamiento, instrucción) y enseñe así a otros, será llamado el menor en el Reino de YHVH” – Mateo 5:19.
Creo que no hay fuerza cultural más fuerte que la tradición. Ella da identidad a los pueblos y también puede destruirlos especialmente cuando mezclamos el conocimiento de Elohim con la tradición. Mateo 15:3 – “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Elohim por vuestra tradición?” Esta fue la respuesta de Yahshua cuando los fariseos le preguntan por qué sus discípulos quebrantan la tradición. Ya en Su tiempo, el mensaje estaba corrupto por las tradiciones. Es tan fuerte el peso de la tradición, que pone un velo sobre la verdad de la Torah y no pueden verla. Mentira heredaron nuestros padres y mentiras nos han trasmitido. Pero no tenemos por qué quedarnos ahí. Si ellos se conformaron con la basura que heredaron de sus padres y no tuvieron amor por la verdad, es su problema. Tu busca, rompe toda tradición y busca a Elohim y Su Torah. No importa cuántas generaciones atrás vienen con las mentiras que te han enseñado sobre Elohim, busca tu, atrévete a ir más allá y busca la verdad. Elohim te dará una nueva identidad, la identidad de Su pueblo, la identidad de Su Reino, la identidad que da cuando la mente del Mesías sea desarrollada en ti y puedas ver más allá de las tradiciones y mentiras de nuestros padres. Si lo que tus padres te trasmitieron fue por ignorancia o conformismo, es irrelevante en estos momentos, ahora tu puedes buscar por ti mismo(a).
Creo que una de las doctrinas más dañinas para el pueblo que ama a Elohim e inventada por el hombre, ha sido la famosa “Teología del Reemplazo”, la cual enseña que Elohim terminó con Israel y que éste ha sido reemplazado por la iglesia evangélica actual llamada el Israel espiritual. Si eso es cierto, ¿qué hacemos entonces con Efesios 2:12? ¿A quién está dirigido? Está dirigido a ti y a mí, gentiles en la carne, pero injertados por fe en el buen olivo. Y una vez injertados, somos hechos partícipes de las promesas, las bendiciones, y de las responsabilidades. Una vez injertados somos hechos responsables de guardar la Torah como cualquier israelita que ha sido sacado de Egipto (sistema) y que va camino hacia la tierra prometida. Génesis 12:3 – “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. La palabra traducida aquí como “bendecidas” es la palabra en Hebreo “V’nivrechu = injertados” o sea que: “… y serán injertadas en ti todas las familias de la tierra”. Recordemos que Elohim no ha hecho pactos con los gentiles. Su pacto fue con Israel y todo aquel que quiera ser injertado en él. Pero la misma Torah es para el natural o el injertado. Números 15:16 – “Una misma Torah y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora”. Si eso era en ese entonces cuando aún el Mesías no había muerto ni resucitado haciendo posible la inserción, ¿cuánto más ahora que ya no somos extranjeros sino conciudadanos y coherederos?
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