Había un acueducto que llevaba el agua a Laodicea. El agua era fría y refrescante en el norte, pero para cuando llegaba a Laodicea ya estaba tibia. Y ya sabemos a qué sabe el agua tibia. Juan usa está bien conocida situación para caracterizar a los creyentes de Laodicea quienes no eran muy activos en la vida del Mesías, pero tampoco eran totalmente indiferentes. El sabor de la tibieza de estos creyentes en la boca de YHVH era un asunto serio. Dice claramente que los vomitaría de su boca. La gente era rica y proclamaba no tener necesidad de nada, pero a la vista de YHVH eran pobres, miserables, desventurados, ciegos y desnudos y debían arrepentirse. La vida de muchos creyentes hoy en día no es nada diferente. Vivir una vida separada (kaddosh) no aplica para muchos, es ser fanático, legalista y no conocer la gracia de YHVH que según ellos nos ha hecho libres para vivir como queramos. Debemos estar vigilantes y pedirle al Ruaj HaKoddesh que nos guíe y nos fortalezca para no caer en la tentación de negarnos a dejar la zona de confort y convertirnos en agua tibia, vomitivo de YHVH. Debemos estar siempre dispuestos a buscar el Reino de YHVH y Su justicia y no olvidar la palabras del Mesías cuando dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” – Mateo 6:21.
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
Cuando nuestra mirada es pura, no solo mira al Señor, sino también dentro de nuestro corazón y podemos ver los verdaderos motivos de nuestra vida. Mientras más cerca estamos de Yahshua, más fácil podemos ver nuestras faltas y eso es debido a Su luz. Cuando nuestro espíritu está lleno de luz, se deshace de cualquier oscuridad que aparezca, podemos discernir inmediatamente pensamientos no santos y pedir perdón, esto se llama caminar en la luz, y cuando caminamos en la luz podemos tener una buena relación con YHVH y con los demás. La Escritura dice que nosotros somos la “luz del mundo” y Yahshua quiere que brillemos con Su luz para que el mundo vea la obra del Padre quien sana nuestro cuerpo y corazón, limpia nuestros pensamientos, renueva nuestras mentes, nos da seguridad, no viste con Su justicia y nos llena de amor para El y los demás. Seamos honestos delante de Elohim, descubramos todos nuestros secretos ante El, pues El nos conoce mejor que nosotros mismos, permitamos que Su luz brille en nosotros sin desanimarnos sabiendo que nos está cambiando poco a poco, día a día. Proverbios 4:18 dice: “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”
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