Contrario a las Escrituras, la historia muestra que el gobierno (ya sea político o religioso) nunca revelará la verdad completa al pueblo. Según ellos, necesitan proteger al pueblo de la verdad porque la sociedad sería lastimada o confundida si saben la verdad. Lo que no saben es que el gobierno es quien confunde al pueblo. El pueblo por instinto, muchas veces descubren la verdad. La enseñanza correcta se reconoce con facilidad. Cuando se está en búsqueda de la verdad, algo en nuestro interior despierta y sentimos que lo que estamos escuchando es lo correcto. Cuando a la gente se le da la verdad, toma decisiones correctas. Otro método para descubrir la verdad: pregúntese usted mismo ¿qué enseñanzas a través de la historia han tenido más derramamiento de sangre en el intento por destruirlas o anularlas? No han sido las enseñanzas de Plato, Francis Beacon, Darwin o Karl Marx. Ha sido la enseñanza de la Torah, que desató cruzadas por toda Europa. La enseñanza de de los primeros seguidores del Mesías Yahushua. Todos los apóstoles a excepción de Juan tuvieron muertes horrorosas. Ha sido el trabajo de hombres valientes y perseguidos, que tradujeron las Escrituras a varios idiomas. Los falsos maestros siempre serán los primeros en quejarse sobre la intolerancia. Las enseñanzas falsas solo pueden sobrevivir escondidas en las sombras donde no sean escrudiñadas. La inseguridad y paranoia de aquellos que quieren aniquilar la verdad, siempre se manifestará cuando gritan contra cualquier escrutinio. Siempre tratan de salir del apuro con expresiones como: “Debemos estar unidos” “hagamos las diferencias a un lado”. Pero ellos mismos son los que luego nos llamarán: Fanáticos, extremistas, radicales. La verdad solo la encuentras en YHVH y en Su Torah. Allí encontrarás pautas para llevar una vida sana y recta, sin temores, seguros. Nunca olvidemos que: “El que habla verdad declara justicia” – Proverbios 12:17.
Para muchos, seguir a YHVH exige dejar atrás demasiadas cosas. Muchos creen que tenemos que privarnos de tantas cosas buenas que el mundo ofrece y que tenemos que seguir un montón de reglas que oprimen y quitan la libertad. Pero ya vimos que para el pueblo recibir la Torah, primero tuvo que ser libre. Libre de la esclavitud del hombre. La verdadera libertad está basada en la observancia de la Torah. Todas aquellas cosas de las que debemos privarnos y que aparentemente son tan buenas, son las que al final esclavizan. El Sinaí fue el lugar donde recibimos, no donde se nos exigió dejar. El Sinaí fue el lugar donde la presencia de Hashem se manifestó. Fue el lugar de bendición donde el agua fluyó de la roca y donde el maná cayó del cielo. Fue el lugar donde nadie tenía que preocuparse por el mañana. Muchos niños nacieron al pie del monte, muchas bodas se celebraron y muchos fueron enterrados en los alrededores. Sinaí fue el lugar de preparación, donde recibimos el Ketubah, el compromiso matrimonial con YHVH, donde Hashem prometió ser un esposo fiel y cuidar de nosotros. Fue el lugar donde se nos dijo para donde íbamos y donde se nos dieron las instrucciones para el camino. Fue el lugar donde YHVH nos separó para El, donde nos hizo una nación. A partir del Sinaí, a partir del momento en que recibos la Torah, entendemos el plan de redención, entendemos la obra de nuestro Mesías Yahushua. Debemos llegar a ese estado de separación exigido por Hashem, para poder ser vasijas que reflejen Su gloria. Solo entonces, comprenderemos el propósito de nuestra vida.
Este es el Nuevo Pacto (Jeremías 31:31 y 33). No existe un Antiguo Pacto obsoleto y echado a la basura, (“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio” (1 Juan 2:7). Lo que hizo al Antiguo Pacto imposible en determinado momento no fueron los estatutos, mandamientos y preceptos de Elohim ,sino el corazón del hombre. Elohim es el mismo ayer, hoy y por los siglos, e igualmente lo es Su Palabra, Sus mandamientos, Sus condiciones. Ahora no tenemos excusa, Elohim en Su misericordia cambia el corazón de piedra por un corazón de carne, a todo aquel que se lo permita, pone dentro de él Su Espíritu (Ruaj) y ya no podrá decir que vivir bajo los parámetros de Elohim es imposible. Esta es la verdadera Gracia, no la gracia barata que te ofrecen haciéndote creer que una simple oración será tu tiquete de salida del infierno. No, Elohim demanda más. La vida dentro del Reino exige compromiso, y nosotros como ciudadanos del Reino, tenemos deberes y responsabilidades para con Elohim, los demás y nosotros mismos. Nuestro paso por esta tierra viviendo bajo los preceptos de Elohim son un ensayo para cuando nuestro Mesías reine en medio nuestro y este sistema como tal desaparezca y junto con él, sus corruptos líderes y métodos.
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