El concepto hebreo de gobernar no es como la idea de justicia del mundo occidental. En occidente, es la aplicación de unas leyes que están sujetas a cambios por el voto de la mayoría. En hebreo, el gobernante es la encarnación de la ley. El gobernante es: fiscal, jurado, juez y ejecutor. El pueblo hebreo no pensaba que era gobernado por unas leyes, era gobernado por Elohim. Y quien gobernaba, era la autoridad y la ley en acción. Abraham entendía esto, y sabía que YHVH no solo era el Jefe de la tribu de Israel, sino el Juez de toda la tierra. Esto implica que YHVH es la máxima autoridad y la última palabra en todo asunto. Hoy en día, lo políticamente correcto, es la tolerancia. Esta es la palabra de moda. Si queremos vivir en armonía, debemos ser tolerantes con la diversidad, vivan o no bajo los parámetros de Elohim. Desde políticos hasta los líderes religiosos, piden tolerancia. Pero YHVH no tolera la diversidad cuando se trata de ser “Kaddosh - Separado - Santo). Si queremos vivir en Su Reino, tenemos que vivir bajo Su Justicia. “Mas tú, Adonai, Elohim misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” - Salmo 86:15. Lento y misericordioso no es lo mismo que tolerante. YHVH retarda Su juicio esperando que todos lleguen al arrepentimiento. Lento y misericordioso no implica que va a cambiar sus parámetros para complacer al hombre. YHVH no tolera el pecado. Debemos mantenernos firmes en lo que es correcto de acuerdo al Juez de toda la tierra.
Como creyentes en el Mesías, nosotros sostenemos que el juicio ha llegado y se ha hecho justicia a través del sacrificio de Yahushua. El es ambos, el Cordero perfecto y el Sumo Sacerdote que efectúa los sacrificios el día de Yom Kippur. Yahushua es la propiciación y expiación por nuestros pecados. Aquellos que creemos que Yahushua ha hecho expiación por nosotros delante de YHVH, somos declarados Tzaddikim – justos, y nuestros nombres han sido escritos y sellados en el “Libro de la Vida”. Entendemos que no somos aceptos a los ojos de YHVH por nuestras obras, pero también somos conscientes que no tenemos excusa para no hacerlas como fruto de nuestra nueva vida. Yahushua es el ejemplo a seguir en el cumplimiento de la Torah, no la excusa para evadirla. “No todo el que dice: Adonai, Adonai, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” – Mateo 7:21. Todos compareceremos ante el tribunal del Mesías, y la obra de cada uno será manifiesta. La vida es una constante prueba, cada momento es irrepetible y de toda palabra ociosa daremos cuenta a Dios – Mateo 12:36.
Es bueno alabar y confiar en nuestro Adonai a pesar de las aflicciones. En realidad, el sufrimiento nos permite ejercitar nuestro corazón de formas que serían imposibles si el camino de nuestra vida fuera un camino de rosas sin problemas. Tal vez la copa que YHVH nos da a tomar, sea amarga, pero una vez ingerida se vuelve dulce por la enseñanza que trae y la forma como nos acerca más a nuestro amado Padre. Cuando aceptamos la prueba como ordenada por YHVH, por el Rey de Gloria quien en un abrir y cerrar de ojos puede librarnos de la opresión, nuestro corazón es refinado, fortalecido, y solo alabanzas pueden salir de nuestros labios. Solo nuestro Padre sabe cuales aguas deben ser endulzadas, solo el Autor y Consumador de nuestra fe sabe cómo sacar un diamante de las cenizas. “Así ha dicho YHVH, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy YHVH Elohim tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” – Isaías 48:17.
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