“Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:25)
Construir una casa no es asunto de novatos, hay que tener conocimientos por eso necesitamos un perito arquitecto. Lo más importante son la bases. Estas deben ser lo suficientemente firmes para soportar el peso de la casa e impedir que cualquier desastre dañe su estructura o la derribe. Es bastante evidente, mucha gente hoy en día no tiene bases bien fundamentadas para entender el Reino de Elohim, por eso vemos a muchos que siguen sufriendo por heridas del pasado sin poder recibir el poder sanador de Yahushua, y reparar un edificio con bases malas, es bien difícil, es mejor pedirle a Elohim que haga algo nuevo con bases firmes que soporten las tormentas que enfrentamos en la vida. Si los principios del Reino, tales como: las consecuencias de la caída del hombre, la realidad de la obra de Satanás, la obra redentora del Mesías, Su poder sanador, transformador y la obra purificadora del Ruaj Ha Koddesh (Espíritu Santo), fueran enseñados a todos desde niños, tendríamos bases firmes y estaríamos equipados para todo lo que se presente en la vida, seríamos más efectivos en nuestro servicio en el Reino, y el enemigo estaría desarmado ante el señorío del Mesías establecido en nuestras vidas.
“Estas, pues, son las naciones que dejó YHVH para probar con ellas a Israel… para saber si obedecerían a los mandamientos de YHVH” (Jueces 3:1 y 4)
Todo en la vida requiere determinación, disciplina, sacrificio. Los deportistas saben que para obtener la victoria necesitan estar en forma y que esto se logra con ejercicios diarios, entrenamientos, y que antes de llegar a la final, tienen que haber luchado una serie de combates preliminares. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, no estaba en forma para enfrentar ninguna batalla, siempre fue la mano de Elohim quien los sacó victoriosos. Pero Elohim necesitaba saber hasta que punto sus hijos habían aprendido que su fortaleza estaba en El, y que no debían temer a sus enemigos, sino obedecer la Torah y confiar en El. Dejo esos pueblos para entrenarnos para la guerra, para probar que sus corazones permanecerían obedientes aun cuando el calor de la guerra arreciara. Este mismo entrenamiento usa Elohim con Su pueblo hoy en día, aunque no nos emociona mucho cuando la prueba llega, puede ser más aterrador si no conocemos los propósitos de Elohim para nosotros. No es para aniquilarnos, ni para recordarnos que El es todopoderoso; es para equiparnos con las herramientas que necesitamos para salir victoriosos. El permite que pasemos por tribulaciones y tiempos difíciles, para producir en nosotros Su fortaleza.
“Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de si, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre” (Lucas 6:22)
Hace unas cuantas décadas, la religión o fe era generalmente vista como algo bueno, aun por aquellos que profesaban no tener ninguna fe o religión. Al mismo tiempo, muchos se consideraban cristianos o creyentes y creían que todo lo que conllevaba serlo, era observar unas cuantas reglas religiosas o tradicionales y hacer el bien de vez en cuando. Pero, hoy en día, hacer una declaración personal de fe puede exponernos al ridículo o ser tomado como un acto de hostilidad y racismo. ¿Debería esto sorprendernos?, no. ¿Preocuparnos?, tampoco. ¿Deberíamos estar preparados?, si. Si sientes que ya no encajas en el mundo que se mueve a tu alrededor, es porque no encajas. Pero esto no es una excusa para separarte de todo y todos completamente, ya que estamos llamados a estar en el mundo, ser luz del mundo, sal del mundo, mas no ser parte de ese mundo. La sal preserva y da sabor pero la gente prefiere los sitios corruptos. La luz expone lo oculto del pecado, por consiguiente la maldad prefiere la oscuridad y odia la luz. Así, que, no nos preocupemos, seamos sal y luz así nos ridiculicen, odien o vituperen.
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