“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Elohim en Él” (2Corintios 5:21)
Este es el comienzo de su maravillosa gracia y de la vida gloriosa que El tiene para nosotros. Cuando empezamos este maravilloso viaje de seguir al Mesías y obedecer la Torah, experimentamos cambios divinos, muchas cosas empiezan a suceder a medida que obedecemos Su Torah. El toma nuestras cargas y nos da Su descanso. Toma nuestra angustia y nos da esperanza. Toma nuestra debilidad y nos da fortaleza. Nos da belleza en lugar de cenizas y aceite de gozo en lugar de luto. Nos cambia el espíritu de pesadumbre por el manto de alabanza. Cambia la oscuridad en luz. Pone nuestros pies en una Roca sólida y no en arena movediza. Quita nuestra indiferencia y nos llena de amor. Cambia nuestras preocupaciones por Su paz. Quita nuestro quebrantamiento y nos hace completos en El. Cambia nuestra tristeza por una canción de gozo. Cambia nuestra andrajosa vestimenta llena de la basura del mundo por un manto de justicia. Cambia nuestra inseguridad en confianza. Cambia nuestra fracasada vida en un nuevo comienzo. EL PUEDE HACER LO IMPOSIBLE, POSIBLE. Solo cree.
“Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos; porque nunca más volverá a pasar por ti el malvado; pereció del todo” (Nahúm 1:15)
Si hubiera que resumir todo el mensaje de la Torah en una palabra, ¿cuál sería? Probablemente palabras como: amor, esperanza, salvación, vida eterna, paz o cielo serían las que aparecerían en la mente de la gente. Pero, creo que no hay mejor palabra que: Reconciliación. El diccionario define la palabra “reconciliación” como: restaurar una relación / harmonía / resolver un pleito. Cuando el hombre eligió rebelarse contra YHVH y entregarse al pecado en el Árbol de la Ciencia del bien y del mal, desobedeciendo a YHVH, escogió el camino de la separación del Padre Celestial. El pecado hizo que el hombre quedara separado de su Creador. Desde entonces, YHVH ha estado haciendo todo lo necesario para reconciliar al hombre con EL. Ha presentado los requisitos que el hombre debe seguir, para que la reconciliación sea posible. Las Fiestas de YHVH son sombras proféticas o símbolos de los pasos que el hombre debe tomar para reconciliarse con su Padre Celestial. Ellos son el completo plan de salvación o reconciliación enrollado en siete pasos, que una vez desplegados podemos ver ante nuestros ojos el mensaje de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis – un mensaje que para la comprensión humana, es asombroso y profundo. Estas Fiestas son literalmente el esqueleto o estructura sobre las cuales las verdades de la Biblia están colgadas. El mensaje de redención, santificación, salvación, expiación, las bodas del cordero, la Novia del Mesías y Yahushua el Mesías, todo está anunciado anticipadamente dentro de esta gloriosa vasija espiritual de las Santas Fiestas de YHVH, en siete pasos. Sin embargo, no importa que tan preparados académicamente estemos, ni cuanto conocimiento bíblico tengamos, es imposible entender las Fiestas a menos que caminemos en ellas y las interpretemos desde la perspectiva hebrea.
“Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de YHVH… se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores…” (Jueces 2:11-12)
Este es el inicio del libro de “Jueces”. Un libro poco leído y regularmente conocido por la historia de Sansón y Dalila, que enseñan a los niños y lo presentan como el superhéroe que se sacrifico asimismo matando a los malvados filisteos, cumpliendo así, la voluntad de YHVH. Desafortunadamente, la forma como cuentan la historia, distorsiona la realidad del personaje, igual que lo que hacen con el rey Salomón cuando lo presentan como el extraordinario y sabio rey de Israel haciendo la voluntad de Elohim. Nada más lejos de la realidad, en ambos casos. El libro de “Jueces”, cubre la era de la decadencia moral más grande de Israel, la era cuando Israel vertiginosamente se deslizó hacía el suicidio nacional, debido a su persistente apostasía. El libro de “Jueces” presenta a un pueblo indulgente y auto-engañado que pretendía, por un lado, seguir a YHVH y por otro, perseguir la paz y la amistad con sus vecinos paganos, a cualquier precio. Y el precio de dicha paz, invariablemente los llevo a la asimilación dentro de culturas paganas y al sistema religioso de Babilonia, sistema que todos conocemos hoy. La asimilación de Israel, en otras palabras, es la forma como el pueblo de Elohim se convierte más y más al mundo que lo rodea, en vez de separarse de dicho sistema. Hoy en día el pueblo de Elohim, al igual que Israel en el libro de Jueces, va en picada por el camino del engaño, de una abierta idolatría (dioses diferentes, pero igual comportamiento), pretendiendo seguir a YHVH y al mismo tiempo buscando agradar a los vecinos con el pretexto de que la situación actual es diferente, los tiempos son distintos y la paz con los vecinos es más importante que la obediencia a mandamientos antiguos mandados a recoger. Arthur Cundall en su comentario sobre el libro de Jueces dice: “Ojalá el lector moderno del libro de Jueces escuche la voz del Ruaj Hakoddesh diciendo: ESTE NO ES EL CAMINO, NO ANDEIS POR EL”.
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