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Gota de Amor - Febrero 25/2016

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” (Efesios 6:14)

 

 

Contrario a las Escrituras, la historia muestra que el gobierno (ya sea político o religioso) nunca revelará la verdad completa al pueblo.  Según ellos, necesitan proteger al pueblo de la verdad porque la sociedad sería lastimada o confundida si saben la verdad.  Lo que no saben es que el gobierno es quien confunde al pueblo.  El pueblo por instinto, muchas veces descubren la verdad.  La enseñanza correcta se reconoce con facilidad.  Cuando se está en búsqueda de la verdad, algo en nuestro interior despierta y sentimos que lo que estamos escuchando es lo correcto.  Cuando a la gente se le da la verdad, toma decisiones correctas.  Otro método para descubrir la verdad: pregúntese usted mismo ¿qué enseñanzas a través de la historia han tenido más derramamiento de sangre en el intento por destruirlas o anularlas?  No han sido las enseñanzas de Plato, Francis Beacon, Darwin o Karl Marx.  Ha sido la enseñanza de la Torah, que desató cruzadas por toda Europa. La enseñanza de de los primeros seguidores del Mesías Yahushua.  Todos los apóstoles a excepción de Juan tuvieron muertes horrorosas.  Ha sido el trabajo de hombres valientes y perseguidos, que tradujeron las Escrituras a varios idiomas.  Los falsos maestros siempre serán los primeros en quejarse sobre la intolerancia.  Las enseñanzas falsas solo pueden sobrevivir escondidas en las sombras donde no sean escudriñadas.  La inseguridad y paranoia de aquellos que quieren aniquilar la verdad, siempre se manifestará cuando gritan contra cualquier escrutinio.  Siempre tratan de salir del apuro con expresiones como: “Debemos estar unidos” “hagamos las diferencias a un lado”.  Pero ellos mismos son los que luego nos llamarán: Fanáticos, extremistas, radicales.  La verdad solo la encuentras en YHWH y en Su Torah.  Allí encontrarás pautas para llevar una vida sana y recta, sin temores, seguros.  Nunca olvidemos que: “El que habla verdad declara justicia” – Proverbios 12:17.  

 

Gota de Amor - Febrero 24/2016

“¿Para qué me sirve dice YHWH, la  multitud de vuestros sacrificios?... ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1:11-12)

 

 

El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo.  La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable.  Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta.  Hoy en día, el creyente fácilmente separa estas cosas, la vida en la iglesia, la adoración y todo el ritual involucrado, incluyendo cultos de alabanza, etc., son una cosa, y su vida diaria, social, laboral, emocional, es otra.  Isaías en este capítulo 1, nos recuerda que el Elohim de Abraham no reconoce tal separación.  La calidad de nuestra adoración como individuos y como comunidad, depende de la calidad de nuestra vida.  El Templo y su ministerio, era el centro de la vida judía y su significado espiritual está explícito en todo el recuento de los Evangelios, muchos de los eventos del ministerio del Mesías giran alrededor del Templo.  Yahushua vio la condición del corazón del pueblo, a través del Templo – “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del Templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas… Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre, casa de mercado” – Juan 2:15-16.  Nada diferente a hoy en día.  Luego predice la destrucción del Templo – “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” – Marcos 13:2.  Destruir el Templo era destruir la vida misma del pueblo judío, pero como habían hecho del Templo el centro de una vida corrupta y alejada de Elohim, tanto que como dice en Isaías, lo sacrificios eran abominación para YHWH, entonces era necesario destruirlo.  “¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos, para seguir haciendo todas estas abominaciones? – Jeremías 7:10.  No importa cuánto vayamos al templo, ni cuánto nos postremos y adoremos, todo será abominación a YHWH si nuestra vida no es recta y conforme a la Torah.  

 

Gota de Amor - Febrero 23/2016

“Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que YHVH el Elohim de vuestros padres os da” (Deuteronomio 4:1)

 

Para muchos, seguir a YHVH exige dejar atrás demasiadas cosas.  Muchos creen que tenemos que privarnos de tantas cosas buenas que el mundo ofrece y que tenemos que seguir un montón de reglas que oprimen y quitan la libertad.  Pero ya vimos que para el pueblo recibir la Torah, primero tuvo que ser libre.  Libre de la esclavitud del hombre.  La verdadera libertad está basada en la observancia de la Torah.  Todas aquellas cosas de las que debemos privarnos y que aparentemente son tan buenas, son las que al final esclavizan.  El Sinaí fue el lugar donde recibimos, no donde se nos exigió dejar.  El Sinaí fue el lugar donde la presencia de YHVH se manifestó.  Fue el lugar de bendición donde el agua fluyó de la roca y donde el maná cayó del cielo.  Fue el lugar donde nadie tenía que preocuparse por el mañana.  Muchos niños nacieron al pie del monte, muchas bodas se celebraron y muchos fueron enterrados en los alrededores.  Sinaí fue el lugar de preparación, donde recibimos el Ketubah, el compromiso matrimonial con YHVH, donde YHVH prometió ser un esposo fiel y cuidar de nosotros.  Fue el lugar donde se nos dijo para donde íbamos y donde se nos dieron las instrucciones para el camino.  Fue el lugar donde YHVH nos separó para El, donde nos hizo una nación.  A partir del Sinaí, a partir del momento en que recibos la Torah, entendemos el plan de redención, entendemos la obra de nuestro Mesías Yahushua.  Debemos llegar a ese estado de separación exigido por YHVH, para poder ser vasijas que reflejen Su gloria.  Solo entonces, comprenderemos el propósito de nuestra vida.

 

 

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