“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a YHVH: esperanza mía, y castillo mío; mi Elohim, en quien confiaré” (Salmo 91:1-2)
La situación mundial no parece mejorar, todo lo contrario, cada día surge un nuevo problema o crisis, virus, bancarrotas, corrupción gubernamental, derrame de petróleo, epidemias, etc. lo cual quiere decir que no tienes que ir muy lejos para ver a la gente luchando desesperadamente por encontrar algún tipo de refugio y seguridad. El aspecto positivo de todo esto es, que nos obliga a evaluar donde está nuestra verdadera seguridad. Las cosas no van a mejorar, solo lea Mateo 24 y lo verá. Pero en el versículo 6 Yahushua dice: “mirad que no os turbéis”. El reto es: ¿estamos listos? ¿Estamos preparados? No quiero decir, si tenemos provisión, si hemos hecho un plan de contingencia. Quiero decir: ¿estamos tan firmes en nuestra relación con Elohim, conoces bien su naturaleza y carácter hasta el punto que nuestro corazón no tema, porque sabemos que en El está nuestro refugio y fortaleza? ¿Hemos rendido nuestro corazón a El de tal manera que le permitamos tomar Su lugar como Rey y Señor de nuestra vida? ¿De verdad sabemos lo que significa ser un Hijo de Elohim? Porque ese es el único lugar donde descubriremos esa esperanza y seguridad que tanto anhelamos. Busquemos ese lugar en El donde el temor a las epidemias, colapsos económicos o guerras no tenga poder sobre nosotros.
“Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
La diferencia entre el hacer y el oír o saber, radica en la mentalidad de la persona. La Biblia en su lenguaje original, humanamente hablando, es producto de la mente hebrea. Así que, la mentalidad hebrea de los tiempos bíblicos es bastante diferente a la mentalidad helenística occidental de la cual ha surgido la mayor parte de la teología de la iglesia. La diferencia fundamental entre las dos mentalidades, está principalmente en el área del “saber” vs “hacer”. La mentalidad hebrea está concentrada en la práctica, la griega en el conocimiento. Para la mentalidad hebrea el objetivo final es una conducta correcta, para la griega el pensamiento correcto. El deber y la conciencia estricta son las cosas más importante para la mente hebrea, para la griega el juego espontáneo y luminoso de la inteligencia. La mente hebrea exalta las virtudes morales, la griega las subordina a las virtudes intelectuales. El contraste es entre la práctica y la teoría, entre el hombre moral y el intelectual o teórico. Esto nos ayuda a entender más porque las iglesias cristianas están tan enfocadas en la ortodoxia doctrinal, a expensas de la obediencia a la Palabra. El por qué las guerras entre comunidades por la doctrina sana, como la llaman. Una de las preguntas más comunes que te hacen cuando saben que sigues al Mesías es: ¿eres de sana doctrina? No te preguntan ¿eres obediente a la Torah? Creer en Elohim y actuar éticamente deben ser inseparables… Elohim exige comportamiento correcto más que cualquier otra cosa, incluyendo ritual correcto o creencia correcta. Fueron creyentes gentiles y judíos helenos conversos al Mesías, influenciados por la filosofía griega quienes intelectualizaron y sistematizaron la doctrina cristiana. Peor aún, radicalmente cambiaron mucha de ella. A la mentalidad griega—occidental – le gusta tener un orden profético de eventos e ir tachando uno por uno, como puntos en una línea. Este pensamiento es extraño para el hebreo que piensa en “el día del Señor”, es decir, el día o tiempo en que Elohim actúa. El orden secuencial de lo que Elohim haga no es importante para la mente hebrea, lo único que importa, es que Elohim actuará. La mente griega ha abandonado la interpretación literal de las Escrituras para darle una interpretación alegórica, lo cual abre la puerta a miles de exposiciones que dejan al estudiante de las Escrituras, confundido y desorientado. “Renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Elohim en la justicia y santidad de la verdad” – Efesios 4:23-24.
“De cierto de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto” (Juan 12:24)
Cuando escucho a mis amigas hablar sobre los problemas que tienen con sus hijos adolescentes porque las reglas del hogar están interfiriendo con sus deseos de hacer lo que quieren y como los padres lindos que amaban cuando eran niños, de pronto se han convertido en viejos odiosos y que no los aman; no deja de sorprenderme la similitud de esta actitud con la relación amor-odio que tienen muchos creyentes con YHVH. Aman todas las Escrituras que tienen que ver con confort, prosperidad, protección, y tienen un dicho que ya es famoso entre ellos: “esta es la vida que nos merecemos”. Pero cuando YHVH habla de: perdonar, dar, renunciar, dedicar tiempo para YHVH, ya deja de ser atractivo y la vida del Reino se vuelve aburrida. Si les dices que vienen tiempos difíciles y debemos estar preparados, su respuesta es: “Elohim es amor y no va a permitir que sus hijos sufran”. Mi pregunta es: ¿No ama YHVH a todos esos creyentes que en estos momentos están sufriendo persecución, encarcelamiento y tortura por creer en el Mesías, en China, la India y los países árabes? ¿Qué tiene de especial esta iglesia facilista, cómoda y perezosa de occidente para creer que la tribulación de estos tiempos no la va a tocar? “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” Mas vale que empecemos a amar aquello que odiamos y a vivir como Elohim quiere que lo hagamos.
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