“porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14)
En esta parte final del Sermón del Monte, Yahushua se enfoca principalmente en describir las dificultades y vicisitudes del camino de fe y su subsecuente resultado, llegando al Reino de los Cielos. No es fácil, Yahushua nunca dijo que lo sería, de hecho, al comienzo del Sermón hablo de las persecuciones que sufrirían sus seguidores. Entrar al Reino es como escurrirse por una puerta angosta. Yahushua da a elegir entre dos opciones, de la misma forma como YHWH dio al pueblo de Israel en el desierto. En ese entonces, la oferta fue de entrar o no a la tierra prometida; hoy la oferta es de entrar o no a la tierra prometida que es – el Reino de Elohim. “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal… A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición… “– Deuteronomio 30:15 y 19. ¿Puedes ver la consistencia de las Escrituras? Elohim no cambia, como tampoco cambia su promesa de la bendición de la herencia. La promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob de heredar la tierra, fue hecha después a Israel si permanecía fiel y obediente a los vínculos del Pacto. Y aquí, Yahushua ofrece la misma promesa de heredar la tierra, que aquí llama el Reino de los Cielos, a todos aquellos que entren por la puerta estrecha. La palabra “estrecha” del G4728 = stenos = estrecha, con obstáculos alrededor. Los obstáculos que encuentra todo aquel que no quiere vivir una vida de obediencia, o aquel que haya obstáculos en la Torah. Y la palabra “ancha” del G4116 = platus = plana. Sin problemas, sin exigencias ni compromiso. Yahushua dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” – Juan 10:9. Todo aquel que entra por la puerta estrecha, en completa obediencia a la Torah, entrará y tomará posesión de la herencia. “Esta es puerta de YHWH; por ella entrarán los justos” – Salmo 118:20.
“Libro de la genealogía del Mesías Yahushua, hijo de David, hijo de Abraham… y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Yahushua, llamado el Mesías” (Mateo 1:1 y 16)
Las genealogías son muy comunes en el Tanaj (Antiguo Testamento) y muy importantes para el pueblo hebreo. Mateo inicia su recuento con la genealogía de Yahushua el Mesías hijo de David, hijo de Abraham. El pueblo de Israel sabía plenamente que las bendiciones estaban conectadas de muchas formas con sus ancestros, por las promesas que Elohim había dado a hombres como Abraham, Isaac y Jacob. En la genealogía de Mateo se evoca la promesa dada a David y a Abraham y necesita mostrar que Yahushua es el objeto de la promesa dada a estos dos hombres. La promesa dada a Abraham es que en él y en su simiente serían benditas todas las familias de la tierra. La promesa dada a David es que un descendiente suyo estaría por siempre en el Trono de Israel. Los judíos han buscado este Hijo de David por mucho tiempo. El titulo de Mesías se enfoca principalmente en el Reinado del Mesías, y es importante saber que el judaísmo no ve este Reinado como algo etéreo o celestial, sino como un Mesías (Ungido) que reinará físicamente en Jerusalén como descendiente de David. En el Tanaj se ungía a los reyes y sacerdotes. Mateo quiere probar a través de su genealogía que Yahushua era ese Rey descendiente de David y por ende reinaría desde Jerusalén un día, y que también era esa simiente de Abraham a través del cual todas las familias de la tierra serían benditas. El propósito de las genealogías según la mentalidad hebrea, no es el de crear un árbol familiar, sino el de mostrar la fuente de las bendiciones, de donde provienen. No es común en las genealogías mencionar a las mujeres, Mateo menciona cinco mujeres de las cuales tres son gentiles injertadas a Israel, representando así a los creyentes injertados, cumpliendo la promesa dada a Abraham que a través de su simiente (Yahushua) serían benditas todas las familias de la tierra.
“¿Para qué me sirve dice YHWH, la multitud de vuestros sacrificios?... ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1:11-12)
El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo. La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable. Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta. Hoy en día, el creyente fácilmente separa estas cosas, la vida en la iglesia, la adoración y todo el ritual involucrado, incluyendo cultos de alabanza, etc., son una cosa, y su vida diaria, social, laboral, emocional, es otra. Isaías en este capítulo 1, nos recuerda que el Elohim de Abraham no reconoce tal separación. La calidad de nuestra adoración como individuos y como comunidad, depende de la calidad de nuestra vida. El Templo y su ministerio, era el centro de la vida judía y su significado espiritual está explícito en todo el recuento de los Evangelios, muchos de los eventos del ministerio del Mesías giran alrededor del Templo. Yahushua vio la condición del corazón del pueblo, a través del Templo – “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del Templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas… Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre, casa de mercado” – Juan 2:15-16. Nada diferente a hoy en día. Luego predice la destrucción del Templo – “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” – Marcos 13:2. Destruir el Templo era destruir la vida misma del pueblo judío, pero como habían hecho del Templo el centro de una vida corrupta y alejada de Elohim, tanto que como dice en Isaías, lo sacrificios eran abominación para YHWH, era necesario destruirlo. “¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos, para seguir haciendo todas estas abominaciones? – Jeremías 7:10. No importa cuánto vayamos al templo, ni cuánto nos postremos y adoremos, todo será abominación a YHWH si nuestra vida no es recta y conforme a la Torah.
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