“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deuteronomio 30:15)
Todos un día tenemos que elegir: el camino de la vida o el camino de la muerte. La vida en si es acerca de elecciones. El camino que elijamos diariamente finalmente determina nuestro destino. Y la vida no solo esta llena de elecciones, sino que es un viaje progresivo y constante, nunca para. Las Escrituras nos hablan de la vida como un camino, un viaje, y ambos conceptos implican movimiento. Es nuestro deber como seguidores del Mesías, hace la elección correcta y escoger el camino del discipulado como nuestro viaje por la vida. No olvidemos que solo hay dos caminos, no hay un camino en el medio, y si amamos a YHVH con todo nuestro corazón y proclamamos a Yahushua como nuestro Adonai, debemos elegir el camino menos transitado. Todos los días tenemos que tomar decisiones y elegir, ya sea, la vida y la bendición del Padre, o la muerte y la destrucción. Es cierto que el camino de la muerte es más fácil y se ve más atractivo, pero su final siempre será muerte. Yahushua nos llama a escoger el camino menos transitado, aparentemente más difícil, pero no lo caminaremos solos, El estará ahí con nosotros. El camino menos transitado es el camino del DISCIPULADO.
“No os conforméis a este siglo (sistema), sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Elohim, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
Para que se lleve a cabo esta renovación necesitamos recuperar la unidad de alma y mente que Adán tenía y que perdió al desobedecer a Elohim. Necesitamos la mente del Mesías para poder conocer con certeza todo lo que es nocivo para nuestra alma. Mucha gente aún sigue sufriendo por emociones moribundas, que no terminan de desaparecer por la falta de auto-estima y de paz interior. Continúan viviendo exiliados de ellos mismos, sin poder disfrutar de la verdadera libertad espiritual que se obtiene cuando el Ruaj HaKoddesh transforma nuestro ser e implanta la Torah en nuestros corazones. Lo triste es que muchos ni siquiera se dan cuenta que algo anda mal en su interior, aun no disfrutan de la vida abundante que el Mesías Yahushua prometió a sus discípulos, vida abundante que se obtiene obedeciendo la Torah y haciendo de ella el código de conducta que guía nuestra vida diaria. Es la disciplina de la Torah lo que restaura nuestra alma y mente, es decir desarrolla en nosotros carácter, y la mente de Yahushua que nos capacita para vivir rectamente comprobando la voluntad agradable y perfecta de Elohim para cada uno de nosotros. Para desarrollar ese carácter y fortalecer nuestra confianza en El, Elohim a veces permite que la tribulación toque nuestra puerta. Pablo nos exhorta a no conformarnos, es decir no acostumbrarnos a este sistema. El pueblo de Israel sufrió y sigue sufriendo porque siempre han querido ser como las demás naciones. Cuando nuestro corazón ya no anhelen los caminos de los gentiles (mundo), seremos inmunes a su influencia. Si el mundo aún apela a tus sentidos, debes empezar a entrenar tu corazón en la construcción de carácter, respeto, honor, disciplina y responsabilidad que son la base de la Torah.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
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