“Pues para esto fuisteis llamados; porque también el Mesías padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21)
Quienes andamos por este Camino, tenemos que entender que la vida es más que uno mismo, mas que hacer lo que queremos, mas que buscar beneficio propio y soñar con todo lo que podemos lograr. La vida es acerca de una relación con YHVH. No hay llamamiento mas grande y sublime, no hay sueño mas maravilloso que ser parte del pueblo de YHVH. Aquellos que responden al llamado, de salir y separarsen del sistema, se unen al ejército del Mesías, son parte de un cuerpo activo, aguerrido, humilde y amoroso, un cuerpo que no se queja ni maldice, sino que alaba y bendice, un cuerpo que alienta y no critica, un cuerpo que recibe con gracia y da con generosidad. En cada generación ha habido un grupo de creyentes activos, que siguen la luz del Mesías con el poder del Ruaj, llevando las Buenas Nuevas y glorificando al Padre con sus vidas. Un pueblo que no se mezcla ni sigue doctrinas de hombres, sino que es fiel caminando en la senda antigua trazada por el Padre para sus hijos, que siguen la Torah como Yahushua y entienden que quien dice amarlo, debe andar como El anduvo, siguiendo sus pisadas — 1 Juan 2:6. Shalom
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9)
En todos los ámbitos de la vida, la gente se ve a través de lentes color rosa pintados por el orgullo. Por naturaleza, no podemos vernos a nosotros mismos en nuestro verdadero carácter orgulloso. Maximizamos nuestra importancia y bondad, y minimizamos nuestros defectos, falta de carácter e indisciplina, no vemos el pecado. Esto es lo que Nehemías dice en esta escritura. Es natural que una persona proteja su dignidad, luche por sus derechos, y preserve su orgullo ya que el corazón natural está lleno de egoísmo y pecado. La crítica es inútil porque pone a la persona a la defensiva y generalmente lo lleva a justificarse así mismo, porque hiere su orgullo, su sentido de importancia y despierta resentimiento. Pero, con nuestro orgullo intacto, NUNCA entraremos a la Tierra Prometida, ya que solo es el futuro hogar de aquellos que pasan por el valle de la humillación y salen sumisos, rendidos, humillados y entregados totalmente a YHVH, desconfiando de sí mismos, y confiando plenamente en el Todopoderoso Elohim.
“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32)
Hay gente que cree que puede hacer todo por ellos mismos, sin recibir guía ni instrucciones de nadie. Por ejemplo; empiezan a armar un equipo sin leer las instrucciones y solo cuando todos sus intentos fallan, y el equipo no funciona como debía, buscan las instrucciones y empiezan de nuevo. Muchos creyentes adoptan la misma actitud en su vida como seguidores del Mesías. Tratan de vivir sin ninguna instrucción, ignorando el manual (Torah), y solo cuando la vida se les desbarata, reconocen que algo están haciendo mal y para entonces, ya están metido en serios problemas. Otros buscan a Yahushua por la libertad que El promete y confunden la libertad prometida por el Mesías con la anarquía y vida sin parámetros, porque según ellos, Yahushua cumplió por ellos así que ellos son libres de toda norma, y luego no entienden porque YHVH no contesta sus oraciones. Juan 8:31-32 contiene una de las más importantes claves del problema. Por supuesto que Yahushua quiere que su pueblo viva Su libertad, Su sanidad, y el versículo claramente dice que “la verdad nos hará libres”, pero antes dice que la condición es permanecer en Su Torah, Su Camino, Su Enseñanza. Es decir leyendo y aplicando las instrucciones. El discípulo no es alguien que simplemente cree en la verdad, sino alguien que la obedece. Podemos estar seguros que YHVH cumplirá sus promesas, si nosotros cumplimos las condiciones. ¡Shabbat Shalom!
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