“¿O ignoráis que…no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19)
No existe tal cosa como, “vida privada” – “un mundo dentro del mundo” – para el hombre o mujer que tiene una relación personal con YHVH. Elohim rompe la vida privada de sus siervos y la hace pública para el mundo por un lado y para El por el otro. Ningún ser humano puede resistir eso, a no ser que esté identificado con Yahushua. YHVH nos está llevando a una relación con El. Déjalo hacer lo que El quiera, si no, en vez de ser de uso para El en su trabajo salvador en el mundo, serás un estorbo y obstrucción. Lo primero que YHVH hace con nosotros, es pararnos en la dura realidad hasta que no nos importe lo que pase con nosotros siempre y cuando El logre Sus propósitos en su obra Redentora. “Si es a través de un corazón roto que El puede hacer su obra, entonces, agradécele por romperte el corazón”. ¡Shabbat Shalom!
“A los que aman a YHVH, todas las cosas les ayuda a bien” (Romanos 8:28)
Por todo el dolor que sentimos, por cada lágrima que derramamos, por todas la angustia que vivimos, hay una razón. Por el abandono del que somos víctimas, por la traición que nos rompió el corazón, por la injusticia que nos rodea, hay una razón. Pero si confiamos en YHVH y creemos que nuestra vida está en Sus manos, entonces entenderemos que todo lo ha permitido por una razón y sólo El la conoce. Y, por todas estas cosas aparentemente negativas que tocan nuestra vida, le damos gracias a YHVH y le pedimos que nos permita pasar por ellas con madurez, seguros de que todo obra para bien.
“Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?” (Mateo 5:46)
Vivimos en el mundo de las recompensas donde los favores se pagan y dejan de ser favores. Todo funciona a base de la retribución. Doy si me dan, amo si me aman, y esperamos que hasta el más diminuto detalle sea recompensado, de lo contrario tildamos a la gente de ingrata y malagradecida. Pero en el Reino de Elohim, las cosas no funcionan así. La Escritura dice que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Todo lo que hacemos, lo hacemos como para el Señor y El hará nuestra recompensa pública, bendiciéndonos más no pagándonos favores o igualando cuentas. Todo don perfecto procede de El. El hace en nosotros todo lo que es agradable delante de El. Nada bueno hacemos por nuestra propia cuenta, somos simples instrumentos de bendición en sus manos.
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