“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Elohim in el Mesías Yahushua” (Filipenses 3:14)
Una vida sin objetivos es como el capitán de un barco sin mapa ni brújula. El barco navegará sin rumbo y anclará en cualquier puerto. Pablo dice que su objetivo es claro, está centrado en Elohim y en el llamamiento que le ha hecho en el Mesías. El sabía hacia donde se dirigía. Igualmente nosotros debemos conocer nuestra ruta, hacia donde vamos. Establecer un objetivo indica que estamos listos a actuar – YHVH nos ha provisto de un mapa maravilloso (Torah) con instrucciones detalladas que no permitirán que nos desviemos ni a la derecha ni a la izquierda. YHVH es nuestra brújula y nuestra meta debe ser hacer Su voluntad siempre sin importar que tan duro sea o que tan imposible parezca. Su mapa está delineado con siete puntos importantes, siete Fiestas o Encuentros que nos muestras Su voluntad y Su maravillosa misericordia. Estamos próximos a iniciar este recorrido por las Fiestas de YHVH y debemos tener como objetivo, prepararnos, limpiar nuestra casa, hacer correctivos y estar listos para este nuevo encuentro con nuestro Hacedor.
“¡Déjame pasar, te ruego, para contemplar la buena tierra que está al otro lado del Jordán, esa hermosa serranía, y el Líbano!” (Deuteronomio 3:25)
Moisés estaba a punto de partir y él sabía lo que YHVH tenía para Israel, no en vano había soportado tan largo viaje, pero sabía que no entraría con ellos. Solo quería ver la promesa aunque fuera de lejos. YHVH le dice: “Sube a la cumbre del Pisga, alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos…” – Deuteronomio 3:27. Hebreos 11:13 nos dice: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Nos habla de todos los que antes de Moisés vivieron sabiendo que había una promesa y creyendo que la recibirían. Algo bien claro tenían, sabían que eran peregrinos sobre la tierra. La palabra “tierra” viene del G1093 = Ge = tierra – mundo. Esa es la convicción que nosotros hoy como pueblo de YHVH debemos tener, somos peregrinos, no pertenecemos al mundo como sistema. No podemos echar raíces con el sistema ni acomodarnos a él, ni vivir bajo sus parámetros. Santiago 4:4 dice bien claro: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Elohim? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Elohim”. Alcemos nuestros ojos al oeste, al norte, al sur y al este y miremos con nuestros propios ojos lo que está aconteciendo en el mundo, y levantemos nuestras cabezas porque nuestra redención esta cerca. Déjanos pasar, te rogamos, para contemplar la buena tierra que está al otro lado del Jordán.
“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas vosotros tenéis la mente del Mesías” (1Corintios 2:16)
Para la mente hebrea, la vida es un todo en las manos de Elohim. Es decir, los Hebreos no hacen distinción entre las áreas sagradas y las seculares de la vida. Ellos ven todo en la vida como una unidad. Todo es dominio de Elohim. Todo lo que pasa, está en sus manos, ya sea tribulaciones o alegrías. Reconocen a Elohim en todo lo que hacen. Con relación al pensamiento hebreo, el Salmista dice: “A YHVH he puesto siempre delante de mí” – Salmo 16:8. “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” – Proverbios 3:6. Por consiguiente, para la mente hebrea, todas las circunstancias de la vida, los buenos tiempos y los malos tiempos, no provienen de la suerte, sino que están bajo el control soberano del Elohim Todopoderoso. La oración es para los hebreos la forma para estar en tono con el concepto de que todo en la vida es sagrado. Las oraciones hebreas son cortas porque todo el día de un observante de la Torah, está delineado con oraciones. Cientos de estas oraciones o bendiciones cortas, son repetidas constantemente durante todo el día. La presencia de Elohim es reconocida todo el tiempo, todo el día, con bendiciones y oraciones. Esta es la forma de estar en constante comunión con el Padre. La santidad o ser Kaddosh, no consiste en hacer cosas, como oraciones extensas y excesivas, sino que es una actitud demarcada por la total obediencia a la Torah de YHVH, viviendo la vida que YHVH desea para Su pueblo, en constante acción de gracias y alabanzas por todo. Esto fue lo que quiso decir Pablo en 1Tesalonicenses 5:17-18 – “Orad sin cesar. Dad gracias en todo porque ésta es la voluntad de Elohim para con vosotros en el Mesías Yahushua”.
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