“Oh YHVH, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho” (Jeremías 16:19)
Creo que no hay fuerza cultural más fuerte que la tradición. Ella da identidad a los pueblos y también puede destruirlos especialmente cuando mezclamos el conocimiento de Elohim con la tradición. Mateo 15:3 – “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Elohim por vuestra tradición?” Esta fue la respuesta de Yahushua cuando los fariseos le preguntaron por qué sus discípulos quebrantaban la tradición. Ya en Su tiempo, el mensaje estaba corrupto por las tradiciones. Es tan fuerte el peso de la tradición, que pone un velo sobre la verdad de la Torah y no pueden verla. Mentira heredaron nuestros padres y mentiras nos han trasmitido. Pero no tenemos por qué quedarnos ahí. Si ellos se conformaron con la basura que heredaron de sus padres y no tuvieron amor por la verdad, es su problema. Tu busca, rompe toda tradición y busca a Elohim y Su Torah. No importa cuántas generaciones atrás vienen con las mentiras que te han enseñado sobre Elohim, busca tu, atrévete a ir más allá y busca la verdad. Elohim te dará una nueva identidad, la identidad de Su pueblo, la identidad de Su Reino, la identidad que da cuando la mente del Mesías sea desarrollada en ti y puedas ver más allá de las tradiciones y mentiras de nuestros padres. Si lo que tus padres te trasmitieron fue por ignorancia o conformismo, es irrelevante en estos momentos, ahora tu puedes buscar por ti mismo(a).
“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Elohim; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Corintios 3:19)
Todos tenemos nuestra manera particular de ver la vida, lo llamamos mentalidad o visión del mundo. Seamos conscientes o no, esta mentalidad la adquirimos de nuestros antepasados, de nuestra sociedad y cultura. Pasamos la vida viendo todo bajo los lentes de nuestra presunción. Solo cuando la Verdad de YHVH ilumina nuestro corazón y mente, podemos ver las cosas desde la perspectiva de YHVH — vemos todo como realmente es. En nuestro mundo occidental, los lentes de mentalidad que usamos provienen de la filosofía griega. Y aunque no sepamos mucho de los pensadores griegos, como Plato o Aristóteles, sus presunciones filosóficas han moldeado la forma como interpretamos la realidad y particularmente, como pensamos acerca de Dios y de Su actividad dentro del enfoque de la historia humana. Cuando leemos las Escrituras con la mentalidad griega, inevitablemente, la malinterpretamos, porque quienes escribieron las Escrituras, eran Hebreos no griegos. La eterna Torah de nuestro Elohim, esta revestida de la mentalidad semítica, no de la basura filosófica griega. Shalom
“Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti… Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada” (Génesis 17:7 y Mateo 26:27-28)
El pacto de sangre era un rito antiguo semítico, y era el pacto más íntimo y sagrado que dos personas podían celebrar. El rito incluía, el acto en que las dos personas involucradas se cortaban la muñeca y cada uno bebía de la sangre del otro, dando a entender que absorbía la vida del otro y que su vida quedaba totalmente rendida y dedicada a aquel con quien hacía el pacto. Desafortunadamente, como han occidentalizado tanto al Mesías, han pasado por alto la importancia de estudiar costumbres semíticas y hebreas las cuales YHVH usa en parábolas, para enseñar y revelar Su eterno plan para Su pueblo y permitirnos vislumbra la magnitud de Su obra redentora. Cuando Yahushua les dijo a los discípulos que debían beber Su sangre, estaba claramente diciéndoles que tenían que absorber Su vida, si querían tener vida eterna y que, al hacerlo, estaban entrando en los vínculos del pacto y por ende rindiendo sus vidas a Él. El Padre estaba dando Su sangre, en la sangre del Mesías para que todos los hijos de Abraham fueran revividos en “la sangre del pacto eterno”. En la consumación de los siglos, vino al mundo aquel que desde el principio era Uno con el Padre, a ser uno con el hombre y compartir así de la naturaleza de aquellos que estaban sujetos a la muerte, pero que anhelábamos la vida, y cumplir la profecía. Yahushua fue la simiente de Abraham, el cumplimiento de la promesa, el Cordero sacrificado desde antes de la fundación del mundo. “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” – Juan 6:53.
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