“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Elohim; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Corintios 3:19)
Todos tenemos nuestra manera particular de ver la vida, lo llamamos mentalidad o visión del mundo. Seamos conscientes o no, esta mentalidad la adquirimos de nuestros antepasados, de nuestra sociedad y cultura. Pasamos la vida viendo todo bajo los lentes de nuestra presunción. Solo cuando la Verdad de YHVH ilumina nuestro corazón y mente, podemos ver las cosas desde la perspectiva de YHVH — vemos todo como realmente es. En nuestro mundo occidental, los lentes de mentalidad que usamos provienen de la filosofía griega. Y aunque no sepamos mucho de los pensadores griegos, como Plato o Aristóteles, sus presunciones filosóficas han moldeado la forma como interpretamos la realidad y particularmente, como pensamos acerca de Dios y de Su actividad dentro del enfoque de la historia humana. Cuando leemos las Escrituras con la mentalidad griega, inevitablemente, la malinterpretamos, porque quienes escribieron las Escrituras, eran Hebreos no griegos. La eterna Torah de nuestro Elohim, esta revestida de la mentalidad semítica, no de la basura filosófica griega. Shalom
“Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti… Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada” (Génesis 17:7 y Mateo 26:27-28)
El pacto de sangre era un rito antiguo semítico, y era el pacto más íntimo y sagrado que dos personas podían celebrar. El rito incluía, el acto en que las dos personas involucradas se cortaban la muñeca y cada uno bebía de la sangre del otro, dando a entender que absorbía la vida del otro y que su vida quedaba totalmente rendida y dedicada a aquel con quien hacía el pacto. Desafortunadamente, como han occidentalizado tanto al Mesías, han pasado por alto la importancia de estudiar costumbres semíticas y hebreas las cuales YHVH usa en parábolas, para enseñar y revelar Su eterno plan para Su pueblo y permitirnos vislumbra la magnitud de Su obra redentora. Cuando Yahushua les dijo a los discípulos que debían beber Su sangre, estaba claramente diciéndoles que tenían que absorber Su vida, si querían tener vida eterna y que, al hacerlo, estaban entrando en los vínculos del pacto y por ende rindiendo sus vidas a Él. El Padre estaba dando Su sangre, en la sangre del Mesías para que todos los hijos de Abraham fueran revividos en “la sangre del pacto eterno”. En la consumación de los siglos, vino al mundo aquel que desde el principio era Uno con el Padre, a ser uno con el hombre y compartir así de la naturaleza de aquellos que estaban sujetos a la muerte, pero que anhelábamos la vida, y cumplir la profecía. Yahushua fue la simiente de Abraham, el cumplimiento de la promesa, el Cordero sacrificado desde antes de la fundación del mundo. “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” – Juan 6:53.
YHVH me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo” (Deuteronomio 2:1)
¿Alguna vez se ha sentido estancado, como que no pasa del mismo sitio? El destino es una función del tiempo y es el objetivo del diablo. Satanás no nos ataca por nuestro pasado, el lo hace por nuestro futuro, nuestro destino, ese es su principal objetivo y cuando ve que no puede desviarnos, trata de retardar, de frenar nuestras bendiciones poniendo obstáculos en el camino. El sabe que somos seres atados al tiempo y que una tardanza larga puede destruirnos. La demora es destructiva, YHVH lo sabía, por eso cuando fuerzas extrañas retrasaron a Lot, envió sus ángeles para sacarlo – Génesis 19:15-16. Las fuerzas angelicales de Elohim están aquí hoy para hacernos libres, no tardemos en dejar todo aquello que nos impida seguir el camino. La murmuración y queja hizo que los hijos de Israel deambularan 40 años por el desierto. El dudar de que el Eterno Elohim que los había sacado con grandes juicios de Egipto podía llevarlos hasta la tierra prometida, dejo en el desierto a todos aquellos que no creyeron. Si estamos rodeando el mismo monte por mucho tiempo, preguntémonos que estamos haciendo que no debemos, o que deberíamos estar haciendo y no lo hacemos. Cada minuto de nuestra vida está sincronizado por el reloj divino, cada evento del día tiene un propósito y siempre es de acercarnos a Él y bendecirnos.
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