“¡Cuan hermosas son tus tiendas, oh, Jacob, tus habitaciones, oh, Israel!” (Números 24:5)
El Tabernáculo fue levantado y los hombres en edad de guerra contados. Ahora, se distribuiría el pueblo en el campamento. El Tabernáculo estaría en el centro y los Israelitas estarían alrededor de él, distribuidos por familias y tribus. Tres tribus a cada lado del Tabernáculo. Cada uno sabía cómo debía ser su relación con los demás dentro del campamento. Cada uno sabía cuál era su función dentro de su tribu. Pero lo más importante, cada uno sabía cuál era su lugar con relación al Tabernáculo. La presencia de YHVH era el foco central de todo el campamento. Y así como cada tribu estaba organizada alrededor del Tabernáculo, cada creyente en Yahushua tiene una posición dentro del Cuerpo del Mesías. Cada creyente tiene su lugar, su llamado, su ministerio. Los dones espirituales son dados a cada creyente, para cumplir su llamado dentro del Cuerpo. El Cuerpo del Mesías es regulado de manera supernatural como el campamento de Israel. Con YHVH como el centro de nuestras vidas y todo el pueblo ocupando su lugar dentro del Cuerpo, el enemigo no tiene ninguna oportunidad. No podemos perder de vista nuestro estandarte, debemos marchar o parar a la orden de nuestro comandante, seguros de que el lugar a donde nos lleva es el indicado y allí estaremos seguros.
“Ezequías…hizo lo recto ante los ojos de YHVH, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre… e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel…” (2Reyes 18:1-4)
El libro de Números registra varias rebeliones del pueblo contra Elohim, y vemos la cantidad de veces que mucho pueblo cae muerto a consecuencias de sus rebeliones. Se dice que aquel que no recuerda el pasado, está condenado a repetirlo. Tanto en la vida secular como en las Escrituras, hay un sentido natural de que la vida es cíclica en vez de lineal. La adoración a la serpiente era la práctica prevalente en Egipto, Canaán y Mesopotamia. En el antiguo medio oriente, existía un ritual llamado “magia compasiva”, consistía en que, si un individuo sufría por el veneno de alguna planta o animal, al mirar la imagen de esa misma planta o animal, se creía que la persona sanaba. La serpiente era uno de los muchos dioses de Egipto. Cada que el pueblo ser rebelaba, su deseo era regresar al sitio de donde YHVH lo había rescatado y YHVH castiga al pueblo con el objeto de su deseo; Egipto y sus dioses, donde tenían el estómago lleno, pero no podían adorar a YHVH. Sin embargo, Israel no aprendió la lección. El propósito de YHVH era que con la serpiente el pueblo recordara su dependencia de Él, pero, todo lo contrario, recordaron a Egipto y su antigua vida, y guardaron la imagen para adorarla. Muchos años después, vemos a Israel adorando la serpiente y sufriendo a consecuencias de su rebelión e idolatría. Hoy no es diferente, el pueblo sigue adorando su antigua vida y rebelándose contra Elohim. Nadie quiere separarse del sistema, lo encuentran más atractivo que servirle a YHVH y vivir bajo Su Torah. Pero no podemos mezclar lo santo con lo profano, si no nos separamos, igual que Israel, sufriremos a casa de nuestra idolatría.
“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron”. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Génesis 42:8 y 45:4)
Todos conocemos la historia de José como fue vendido por sus hermanos, puesto en la cárcel, luego interpreta los sueños del Faraón y a raíz de eso es exaltado como gobernador de Egipto. José termina vistiendo como un egipcio y lo más increíble y a lo que quizás no prestamos mucha atención, es al hecho que Faraón cambió el nombre hebreo de José por el nombre egipcio de: Zafnat-panea lo cual hizo aún más difícil que sus hermanos lo reconocieran. José era para ellos un egipcio más. José es sombra y tipología del Mesías quien en manos de la cultura greco-romana ha sufrido la misma transformación. Cuando el mensaje del evangelio llegó a los dispersos en Grecia, los judíos y prosélitos helenos, contaminados con el paganismo de la región, consideraron que era mejor presentarle a los gentiles un Mesías parecido a ellos e inician la transformación que termina con Roma cambiando Su nombre, hasta el punto que hoy en día, decirle a los creyentes que Yahushua es hebreo, que vivió como hebreo, que cumplió los mandamientos como hebreo y la única manera de entender Su mensaje es conociendo las raíces hebreas de la fe, es una total herejía. La transformación que Grecia y Roma le hicieron al Mesías fue tan perfecta, que no debe sorprendernos por qué los judíos no lo reconocen. Pero pronto vendrá de nuevo y dirá como dijo José a sus hermanos: “Mirad mis manos y mis pies, que YO MISMO SOY” – Lucas 24:39.
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