“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deuteronomio 30:15)
Todos, un día tenemos que elegir: el camino de la vida o el camino de la muerte. La vida en si es acerca de elecciones. El camino que elijamos diariamente finalmente determina nuestro destino. Y la vida no solo está llena de elecciones, sino que es un viaje progresivo y constante, nunca para. Las Escrituras nos hablan de la vida como un camino, un viaje, y ambos conceptos implican movimiento. Es nuestro deber como seguidores del Mesías, hacer la elección correcta y escoger el camino del discipulado como nuestro viaje por la vida. No olvidemos que solo hay dos caminos, no hay un camino en el medio, y si amamos a YHVH con todo nuestro corazón y proclamamos a Yahushua como nuestro Adonai, debemos elegir el camino menos transitado. Todos los días tenemos que tomar decisiones y elegir, ya sea, la vida y la bendición del Padre, o la muerte y la destrucción. Es cierto que el camino de la muerte es más fácil y se ve más atractivo, pero su final siempre será muerte. Yahushua nos llama a escoger el camino menos transitado, aparentemente más difícil, pero no lo caminaremos solos, El estará ahí con nosotros. El camino menos transitado es el camino del DISCIPULADO.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre, pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se les permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, más teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales” (Génesis 3:7)
Cuando Adán y Eva comieron del árbol que YHVH les había prohibido, se dieron cuenta de su desnudez, se escondieron de YHVH y se cubrieron con hojas de higuera. Ellos pudieron haber Ido a YHVH y confesar su pecado. Un simple vistazo al maravilloso lugar que YHVH les había dado para habitar, debió ser suficiente para entender que de Él nadie se puede esconder y que, en Su sabiduría, El sabría cómo manejar su alterado plan con justicia. Pero ellos escogieron otra alternativa y al esconderse de YHVH crearon el primer proyecto HTM (Hazlo Tu Mismo). Buscaron como ocultar su culpa y su desnudez, en vez de buscar sanidad para su ya contaminado corazón y su condición de pecado. Ellos buscaron un chivo expiatorio a quién culpar, en vez de aceptar su propio pecado. Hoy en día no es nada diferente, muchos usan la religión, los rituales, tales como ayunos, devocionales, penitencias, etc., como medios para esconder los síntomas de una mala relación con Elohim, de una vida fuera de los parámetros de YHVH, y no aceptan que la única manera de resolver el problema del pecado es a través de la obra redentora de nuestro Mesías Yahushua. “Y YHVH Elohim hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” – Génesis 3:21. Finalmente YHVH cubrió la desnudez de Adán y Eva. La piel de un cordero sacrificado cubrió su desnudes y cubre la tuya y la mía.
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