“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Elohim” (Salmo 143:10)
Enséñame, YHVH ni Elohim, a recibir todo lo que llega a mi vida hoy, con paz en mi corazón y con la firme convicción de que todo está bajo tu control. Enséñame a ver en cada persona que es parte de mi vida, ya sea familiar, laboral o de amistad como los instrumentos que usas para formar mi vida y darme lecciones que moldeen mi carácter. Enséñame a entender que cada evento, circunstancia, palabra o acción que me afecte ha sido filtrada por ti y por consiguiente ha sido diseñada y aprobada para edificar mi vida, y que, aunque lo vea como algo negativo, nunca dude de que el resultado final será positivo, enriquecedor y edificante. Enséñame a tener el valor de decir a quienes pretenden ofenderme, como dijo José “no me enviasteis acá vosotros, sino YHVH…vosotros pensasteis mal contra mí, mas YHVH lo encaminó a bien” (Génesis 45: 8 y 50:20). Enséñame, Elohim a ver todo con tus ojos y a darte la gloria en todo.
“Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25)
El hombre con una experiencia jamás estará a merced del hombre con un argumento. Puedes tener muchas ideas acerca de YHVH, ser religioso con buenos argumentos, pero si la vida de YHVH no es una experiencia viva y real en ti, eres como una guitarra sin cuerdas, un barco sin timón, un peregrino sin rumbo, a la deriva, desprotegido y vulnerable a cualquier filosofía o doctrina que encuentre en el camino y que solo le dará más ideas sobre el Creador del Universo, mas no la realidad de una vida centrada en El, en Su Torah. Las ideas no dan vida, solo especulan, pero cuando te atreves a experimentar la magnitud, riqueza y poder de una vida en YHVH, nadie jamás podrá robarte lo que hay en tu corazón, pues has pasado de muerte a vida, ya no piensas, ahora sabes que sabes que Él es vida. Job lo entendió, supo después de sufrir y perderlo todo, que lo único que importaba era la convicción que tenía de que – ¡Mi Redentor Vive!
“En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon” (2Timoteo 4:16)
Todos en algún momento de la vida hemos experimentado el abandono cuando más hemos necesitado esa persona o personas. Puede haber sido el esposo(a), el mejor amigo, el compañero de trabajo, la familia, etc., y no hemos podido percibir la maravillosa intervención divina y su constante compañía por enfocarnos en la autocompasión y en los sentimientos negativos hacía aquellos que nos han abandonado. Es necesario entender que como humanos todos fallamos y a veces esa persona o esas personas, ni siquiera percibieron nuestra necesidad. Nuestra confianza debe estar centrada en YHVH, Él nunca nos falla ni nos abandona. Cuando nuestra relación con YHVH es sana y continua, podemos ver su mano de poder en todo a nuestro alrededor, su fortaleza en nosotros en evidente y nuestra dependencia de Él, nos permite acceder a todos los recursos del cielo. Podemos pasar por situaciones verdaderamente difíciles sin el apoyo de los demás, pero jamás podremos pasar por esas dificultades y salir victoriosos sin YHVH.
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