“Bueno es alabarte, oh YHVH, y cantar salmos a tu nombre, oh, Altísimo; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (Salmo 92:1-2)
Es bueno recordar que en Elohim no existe el tiempo y que El conoce el principio y fin de todas las cosas, en nuestra vida y en el mundo. El conoce los tiempos tristes y los gloriosos, Él sabe que hay cosas que no entendemos, como el universo y su expansión, los hoyos negros, las fuerzas de gravedad desconocidas, etc. Él está en control del calentamiento global, de la era de hielo, y sin embargo Él es Emmanuel, Elohim con nosotros, quien camina con nosotros a través de inundaciones, fuegos o hambrunas, está justo donde nosotros estamos. Está ahí, para sostenernos y darnos seguridad a través de lo desconocido, o para recibir el espíritu de quien es llevado a la eternidad. Él ha puesto en acción las leyes de la conciencia y la naturaleza, las leyes de la siembra y la cosecha, las leyes del Espíritu de vida y muerte, las leyes de las bendiciones y las maldiciones, y sin embargo, Su corazón se rompe de dolor ante una humanidad decadente, que lo ignora y no quiere recibir nada de Él. Necesitamos conocer al Elohim fiel quien nos ha revelado la salvación a través del Mesías Yahushua y proclamar como el Salmista: “No tendremos temor de malas noticias, nuestro corazón está firme, confiado en YHVH” – Salmo 112:7). Él es fiel, ¡Aleluya!”
“Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16)
Como creyentes estamos en un proceso, en construcción. Desde que el Ruaj Hakoddesh imprimió la Torah en nuestro corazón, ha estado trabajando con perfecta sabiduría y poder sobrenatural para hacer de nosotros una nueva criatura, transformar nuestro carácter, hasta cierto punto nuestra personalidad y aun nuestro cuerpo físico. Como dice Pablo, nuestro hombre exterior con sus debilidades se va desgastando, pero una nueva vida habita en esta vasija de barro, y esa vida está constantemente trabajando, creando un efecto profundo y transformador en el cuerpo que la contiene. El Ruaj está imprimiendo a través de la Torah la manifestación de YHVH en nosotros. YHVH conoce todo lo que comprende nuestra vida desde el momento de la concepción, nuestros dones, habilidades, fortalezas, debilidades, heridas y todas las características de nuestra personalidad. Él quiere pulir nuestras habilidades y fortalezas, fortalecer nuestras debilidades y sanar nuestras heridas. Quiere usar todos nuestros dones para Su obra. Puede ser duro y a veces desalentador especialmente cuando toca áreas que no deseamos cambiar, pero cuando veamos la obra completa, entonces sabremos que solo Él podría transformar un pedazo de chatarra en joya para Su corona.
“Porque somos hechura Suya, creados en el Mesías Yahushua para buenas obras, las cuales Elohim preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10)
Millones de dólares se pagan alrededor del mundo por las llamadas obras maestras. Es sorprendente cuánto dinero dan por una pintura. Pero ¿qué hace que una obra sea una obra maestra? No es el qué, sino quién. Un maestro hace una obra maestra. Hay un Maestro trabajando en ti. Tu vida es una obra de arte en Sus manos. Con Su toque perfecto, está pintando, esculpiendo tu vida día a día para crear Su obra maestra. Cada brochazo de pintura, cada color, cada forma que le da a la arcilla, llevan Su identidad para que luego sea reflejada en Su obra maestra. Pero cuando la arcilla que esculpe o el lienzo sobre el que pinta tienen identidad propia, hay problemas, pues sería como pintar sobre otra pintura o cambiarle la imagen a una escultura con remiendos de arcilla. Imposible YHVH no hace tal cosa, El hace todo nuevo, trabaja sobre la nada para formar Su obra maestra. Así que solo cuando nos humillamos y entregamos lo único que tenemos (voluntad) en las manos del Maestro, podemos brillar como Su obra maestra – “Tu eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” – Isaías 64:8.
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