“Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?” (Mateo 5:46)
Vivimos en el mundo de las recompensas donde los favores se pagan y dejan de ser favores. Todo funciona a base de la retribución. Doy si me dan, amo si me aman, y esperamos que hasta el más diminuto detalle sea recompensado, de lo contrario tildamos a la gente de ingrata y malagradecida. Pero en el Reino de Elohim, las cosas no funcionan así. La Escritura dice que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Todo lo que hacemos, lo hacemos como para el Señor y El hará nuestra recompensa pública, bendiciéndonos más no pagándonos favores o igualando cuentas. Todo don perfecto procede de El. El hace en nosotros todo lo que es agradable delante de Él. Nada bueno hacemos por nuestra propia cuenta, somos simples instrumentos de bendición en sus manos.
“Perdónanos… como también nosotros perdonamos” (Mateo 6:12)
La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
“Solamente esfuérzate y se muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la Torah que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7)
Todo creyente debe saber que la única forma de conocer la voluntad de Elohim es a través de Su palabra y que estudiarla y meditar en ella es esencial. Pero muchos tratan de buscar la voluntad de YHVH abriendo las Escrituras en los servicios de sus iglesias. Eso es como pertenecer a un equipo de football, no asistir a los entrenamientos, y pretender en el momento del enfrentamiento ganar sin ningún problema. El propósito de las Escrituras es de mostrarnos la luz de YHVH e iluminarnos el camino que Él ha trazado para nosotros. Nos enseña los principios, reglas y mandamientos del Reino bajo los cuales todos los hijos de Elohim debemos vivir. Recuerde que un futbolista no lo es por pertenecer a un equipo, sino por haber hecho del football su estilo de vida, y que eso conlleva, disciplina y práctica. Igualmente, no somos hijos de Elohim solo por proclamarlo, ser ciudadano del Reino también involucra disciplina y práctica y lo que YHVH le dijo a Josué, nos lo dice a todos hoy: esforcémonos para hacer conforme a todo lo que está en la Torah, no nos apartemos de ella ni a diestra ni a siniestra y seremos prosperados en todo. Sabremos tomar decisiones sabias, no nos amedrentaremos ante las dificultades porque sabemos que son parte de las prácticas que nos harán fuertes en El.
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