“Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16)
Como creyentes estamos en un proceso, en construcción. Desde que el Ruaj Hakoddesh imprimió la Torah en nuestro corazón, ha estado trabajando con perfecta sabiduría y poder sobrenatural para hacernos una nueva criatura, transformar nuestro carácter, hasta cierto punto nuestra personalidad y aun nuestro cuerpo físico. Como dice Pablo, nuestro hombre exterior con sus debilidades se va desgastando, pero una nueva vida habita en esta vasija de barro, y esa vida está constantemente trabajando, creando un efecto profundo y transformador en el cuerpo que la contiene. El Ruaj está imprimiendo a través de la Torah la manifestación de YHVH en nosotros. YHVH conoce todo lo que comprende nuestra vida desde el momento de la concepción, nuestros dones, habilidades, fortalezas, debilidades, heridas y todas las características de nuestra personalidad. Él quiere pulir nuestras habilidades y fortalezas, fortalecer nuestras debilidades y sanar nuestras heridas. Quiere usar todos nuestros dones para Su obra. Puede ser duro y a veces desalentador especialmente cuando toca áreas que no deseamos cambiar, pero cuando veamos la obra completa, entonces sabremos que solo Él podría transformar un pedazo de chatarra en joya para Su corona.
“Porque somos hechura Suya, creados en el Mesías Yahushua para buenas obras, las cuales Elohim preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10)
Millones de dólares se pagan alrededor del mundo por las llamadas obras maestras. Es sorprendente cuánto dinero dan por una pintura. Pero ¿qué hace que una obra sea una obra maestra? No es el qué, sino quién. Un maestro hace una obra maestra. Hay un Maestro trabajando en ti. Tu vida es una obra de arte en Sus manos. Con Su toque perfecto, está pintando, esculpiendo tu vida día a día para crear Su obra maestra. Cada brochazo de pintura, cada color, cada forma que le da a la arcilla, llevan Su identidad para que luego sea reflejada en Su obra maestra. Pero cuando la arcilla que esculpe o el lienzo sobre el que pinta tienen identidad propia, hay problemas, pues sería como pintar sobre otra pintura o cambiarle la imagen a una escultura con remiendos de arcilla. Imposible YHVH no hace tal cosa, El hace todo nuevo, trabaja sobre la nada para formar Su obra maestra. Así que solo cuando nos humillamos y entregamos lo único que tenemos (voluntad) en las manos del Maestro, podemos brillar como Su obra maestra – “Tu eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” – Isaías 64:8.
“La salvación es de YHVH; sobre tu pueblo sea tu bendición” (Salmo 3:8)
Yahushua les dijo a sus discípulos que fueran mar adentro y echaran sus redes para pescar. Cuando lo hicieron, sus redes se llenaron de peces hasta el punto de que se rompían. El propósito de Yahushua no era mostrarles que el negocio de la pesca era bueno, sino para revelarles el gran poder y amor del Padre. Los bendijo con una buena pesca para que quitaran sus ojos de los peces y se enfocaran en el gran llamamiento que tenía para ellos. Pedro lo entendió y cayó de rodillas delante de Él. Yahushua le responde: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” – Lucas 5:10. Muchos se quedan enredados en las bendiciones, y, de hecho, siguen al Mesías por la bendición, prosperidad y éxito. Pero el verdadero discípulo no se enfoca en las bendiciones del Señor, sino en el Señor de las bendiciones. Podemos regocijarnos en las bendiciones y dar gracias siempre por ellas, pero no quedarnos ahí, disfrutándolas y esperando más. Pongamos nuestros ojos en nuestro Maestro y en el llamado que tiene para nosotros. Cuando El ve que tenemos un corazón dispuesto y separado para Él, nos usará para cumplir su glorioso plan.
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