“Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; más sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Lucas 20:18)
Con frecuencia pensamos que estar quebrantado es la condición en que quedamos después de que el mundo nos ha hecho trizas, y venimos a YHVH a que nos restaure. Cuando la mano humana nos quebranta lo que le traemos al Padre son pedazos deteriorados, pero si le permitimos a El quebrantarnos, los pedazos serán restaurados por Sus manos y solo Él sabe la nueva forma que nos va a dar. ¿Qué significa ser quebrantado? ¿Por qué lo necesitamos? Tarde o temprano nuestra estructura va a fallar y la diferencia está en si voy a estar sobre la roca o debajo de ella. Cuando mi autosuficiencia, mi ego se derrumbe, ¿qué quiero? ¿Pelear y dar coces contra el aguijón? O ¿someterme a la intervención divina y dejar que el Padre Celestial con su amor y cuidado me moldee de nuevo? Ser quebrantado por El, es caer de rodillas delante de Su presencia y reconocerlo por lo que es, nuestro Salvador, Rey y Señor. Es abrir nuestros brazos, exponer nuestro corazón y mirando al cielo decirle “aquí estoy Señor”. Es estar sin una gota de esperanza y aun así, decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Oremos: Amado Padre, aquí estamos, rotos, secos, despedazados, pero dispuestos a que tu mano nos moldee y haga de nosotros vasos de honra. Preferimos ser quebrantados por ti que caer en manos humanas y como David decimos: “caigamos ahora en mano de YHVH, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres” (2 Samuel 24:14). Moldéanos a tu imagen Señor, úsanos como lo creas conveniente, te amamos y confiamos en Ti.
“Cuando salgas a la Guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque YHVH tu Elohim está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Deuteronomio 20:1)
YHVH tuvo a Israel por cerca de un año acampando al pie del Monte Sinaí, donde lo preparó para su destino. Allí les dio la Torah, les dio estructura, jerarquía, los organizó no solo para acampar alrededor de Su gloria, sino para marchar en el momento que fuera necesario cambiar de escenario. No dejo cabo suelto, nada quedo a decisión del hombre. A partir del Sinaí, todo sería manejado por YHVH e Israel caminaría por el desierto como el pueblo de YHVH llevado de Su mano. Para que exista una nación, debe haber: una tierra, un pueblo y una constitución. Desde el llamamiento de Abraham, YHVH estaba preparando al pueblo. La tierra ya existía y ahora necesitaba quien la habitara en Su nombre. En el Monte les da la constitución y ahora Israel debía llegar a la tierra y pelear por ella. YHVH se las da como promesa e Israel debía tomar posesión de ella. YHVH advierte al pueblo de que habría guerras, que encontrarían enemigos, pero que en esos momentos recordarán que YHVH estaba con ellos. Hemos aprendido que el viaje de Israel por el desierto es el modelo de nuestro peregrinaje por el mundo, camino a Canaán. Encontramos enemigos, peleamos batallas, aprendemos lecciones en cada parada, y sabemos que YHVH está a nuestro lado llevándonos de Su mano. YHVH nos pide al igual que lo hizo con Israel, no hacer concesiones ni mezclarnos con el enemigo (sistema). Mantenernos separados para El, mantener nuestra identidad como pueblo de YHVH obedeciendo Su Torah y cumpliendo con nuestro llamamiento de mostrarle al mundo Su gloria y llevar a muchos a Su conocimiento.
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19)
Charles Spurgeon, famoso predicador, dijo: “discernimiento no es simplemente un asunto de diferenciar entre lo bueno y lo malo; es más bien diferenciar entre lo bueno y lo más o menos bueno”. Diferenciar entre lo bueno y lo malo, generalmente es fácil, pero a veces nos encontramos en la encrucijada de diferencia entre lo bueno y aquello que aparentemente es bueno, pero su trasfondo no es claro. Las Escrituras identifican al enemigo como serpiente, un animal experto en camuflarse dentro del ambiente en el que se mueve, hasta hacerse casi invisible en el momento del ataque. Satanás sabe que YHVH nos ha dado autoridad sobre él, y que ser obvio en el momento del ataque, sería fácilmente vencido. Por eso, se esconde en lugares insospechados esperando la oportunidad para robar, matar y destruir. Se camufla en un traje de buen hombre, piadoso, presenta doctrinas inofensivas y aparentemente buenas, especialmente en estos tiempos cuando la condición del cuerpo del Mesías es tan deprimente como dice 2 Timoteo 4:3 – “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, sintiendo comezón de oír, se acumularán para sí mismos maestros conforme a sus propias concupiscencias; y apartarán el oído de la verdad, y serán extraviados a las fábulas”. Oremos para que YHVH nos haga expertos en discernir el camuflaje del enemigo, no olvidando que él se presenta como “ministro de justicia o ángel de luz”. No nos movamos por los sentidos sino por la guía del Ruaj, permaneciendo en oración y comunión con nuestro Padre Celestial.
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