“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que YHVH ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a YHVH las palabras del pueblo” (Éxodo 19:8)
Éxodo 19:1 registra la llegada del pueblo de Israel al desierto del Sinaí, el día primero del mes tercero. Número 10:11 registra la salida del pueblo del desierto del Sinaí, el año segundo, en el mes segundo, el día veinte. Exactamente once meses y veinte días, casi un año. Todo lo que está registrado entre eso dos libros, ocurrió en el Sinaí. Moisés subió varias veces al monte durante este tiempo y recibió, no solo los diez mandamientos, sino también instrucciones sobre las Fiestas, y sobre el Tabernáculo. YHVH estaba formando una nación y tuvo al pueblo allí durante este tiempo, formándolo, enseñándole, preparándolo para tomar posesión de la tierra que había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. El pueblo hizo pacto con YHVH, dijo: “Todo lo que YHVH ha dicho, haremos” – pero no había salido del Sinaí, cuando el pueblo estaba cometiendo en pecado que, hasta hoy, se considera el día más desastroso para Israel – el becerro de oro -- ¿Qué castigo tiene la Torah para la rebelión voluntaria? ¿Qué podía hacerse con un pueblo que había sido liberado de la esclavitud por medio de maravillas y milagros, había hecho un pacto con YHVH y solo por lo que consideraban tardanza de su líder, pisoteaban la sangre del pacto que acababan de hacer con YHVH? Y ¿qué podemos decir del pueblo hoy en día, que confiesa tener a YHVH como su Elohim y a Yeshua como su Redentor y pisotean el pacto contaminándose con el sistema, ignorando la Torah y celebrando fiestas paganas usadas para hacer alianzas con Satanás y no glorifican al Elohim del Universo? El pueblo sigue siendo tan idolatra y adultero como antes. “Oye Israel, YHVH tu Elohim, YHVH UNO es”
“Oh Elohim, santo es Tu Camino” (Salmo 77:13)
La historia del hombre como está grabada en las páginas de las Escrituras empieza en el jardín y termina en el jardín. En estos dos paraísos, el Jardín del Edén y la Nueva Jerusalén, el hombre camina en intimidad con su Creador. Entre el libro de Génesis y el libro de Apocalipsis, está la saga de la separación del hombre de su amado Creador debido a su orgullo y rebelión contra la Torah (Instrucciones) de YHVH. Entre Génesis y Apocalipsis está la agonizante historia de un Padre llamando de todas las formas concebibles, a sus hijos pródigos, instándolos a arrepentirse de su pecado y alejarse del camino espiritual que guía a la oscuridad y destrucción. YHVH tiene un plan para redimir al hombre, para salvarlo, y ese plan está revelado en las Escrituras. Entender el Tabernáculo de Moisés, es entender el plan de YHVH. Aunque su origen es divino, es un diseño sencillo. Pero su sencillez revela su verdadero enigma. Dentro de su velo, se encuentra la más profunda sabiduría del universo, pues en él se revelan los misterios del plan de redención de YHVH para la humanidad. En los enseres y detalles del Tabernáculo, encontramos en forma de código, el plan de siete citas anuales de YHVH, como también los siete pasos de la boda hebrea. Todo esto, revela los pasos que cada ser humano debe tomar para invertir la maldición de muerte que cayó sobre Adán. Ellos le muestran al hombre el camino de regreso al Padre. El Tabernáculo revela el Camino de Elohim, el Camino de salvación y vida eterna.
“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas vosotros tenéis la mente del Mesías” (1Corintios 2:16)
Para la mente hebrea, la vida es un todo en las manos de Elohim. Es decir, los hebreos no hacen distinción entre las áreas sagradas y las seculares de la vida. Ellos ven todo en la vida como una unidad. Todo es dominio de Elohim. Todo lo que pasa, está en sus manos, ya sea tribulaciones o alegrías. Reconocen a Elohim en todo lo que hacen. Con relación al pensamiento hebreo, el Salmista dice: “A YHVH he puesto siempre delante de mí” – Salmo 16:8. “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” – Proverbios 3:6. Por consiguiente, para la mente hebrea, todas las circunstancias de la vida, los buenos tiempos y los malos tiempos, no provienen de la suerte, sino que están bajo el control soberano del Elohim Todopoderoso. La oración es para los judíos, tanto antiguos como ortodoxos modernos, la forma para estar en tono con el concepto de que todo en la vida es sagrado. Las oraciones judías son cortas porque todo el día de un judío observante, está delineado con oraciones. Cientos de estas oraciones o bendiciones cortas, son repetidas constantemente durante todo el día. La presencia de Elohim es reconocida todo el tiempo, todo el día, con bendiciones y oraciones. Esta es la forma de estar en constante comunión con el Padre. La santidad o ser Kaddosh (separado), no consiste en hacer cosas, como oraciones extensas y excesivas, sino que es una actitud demarcada por la total obediencia a la Torah de YHVH, viviendo la vida que YHVH desea para Su pueblo, en constante acción de gracias y alabanzas por todo. Esto fue lo que quiso decir Pablo en 1Tesalonicenses 5:17-18 – “Orad sin cesar. Dad gracias en todo porque ésta es la voluntad de Elohim para con vosotros en el Mesías Yeshua”.
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