“Yo vengo a habitar en medio de ti, afirma el Señor” (Zacarías 2:10)
Cuando llegamos a los pies del Señor, es muy común que empecemos a experimentar cambios. Cambios no programados porque hay muchas cosas en nuestra vida rutinaria, que no queremos cambiar, estamos cómodos con ellas, pero el Señor opina que deben cambiarse para poder llevar a cabo nuestra transformación. Al comienzo duelen y uno piensa que tal vez esta sea la última. Pero no, los cambios siguen y es como cuando están demoliendo una casa para construir otra. Tumban puertas, derriban muros, barren con todo y duele, sí que duele. Yo llegue a pensar que quería transformar en una mansión el rancho de mi corazón, pero no, su plan es hacer de él, el templo de Su habitación.
“Tus promesas han superado muchas pruebas” (Salmo 119:140)
Gracias Señor por tu fidelidad, aunque yo te falle, tú permaneces fiel y cumples tus promesas. Gracias por darme la fe para creer en ti y en ellas, porque eres tú el autor y consumador de mi fe. Gracias por enseñarme a esperar y confiar en que tú harás y terminarás la obra que has empezado en mí. Señor han sido tus promesas las que me han sostenido, ellas me han ayudado a superar muchas pruebas y a salir adelante. Gracias porque no ha faltado ni una sola palabra de todo lo que has dicho. Gracias porque jamás me has dejado avergonzada cuando he proclamado tus promesas, cuando he confesado que creo en ti y que eres tú quien me sustenta y guía, gracias Señor.
“¿Quién eres tú para juzgar al siervo ajeno?” (Romanos 14:4)
Creo que una de las lecciones más duras para nosotros como seres humanos es la de no juzgar. Es tan fácil ver las faltas ajenas y justificar las propias. Parece que para los defectos de los demás tenemos una vista 20/20 y para los propios somos miopes. Pero YHVH nos exhorta a no juzgar, y nos explica en su palabra que al hacerlo, estamos estableciendo los parámetros para nuestro propio juicio, “porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados” (Mateo 7:2). Luego también en su palabra nos muestra un camino mejor, el camino del amor y nos dice; “ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados” (1Pedro 4:8). Si nos amamos, no nos criticamos.
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