“Sepultados juntamente con El... para que... así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4)
Nadie llega a la experiencia de la santificación (separarse) sin pasar primero por su propio funeral, el “funeral blanco” – el entierro de su viejo hombre. Si nunca has tenido en tu vida la crisis de la muerte, la separación no es más que una visión. ¿Crees que ya llegaste a tus últimos días? Tal vez has llegado a ellos muchas veces pero sólo emocionalmente, ¿o has llegado de verdad a ellos? ¿Ya tuviste tu funeral blanco? O ¿estás haciéndote el tonto con tu alma? ¿Hay algún lugar en tu vida marcado como el último día, ese lugar o incidente que recuerdas con gratitud extraordinaria como el que te llevo a morir? Fue ahí cuando tuviste tu funeral y donde hiciste ese acuerdo con YHVH.
“A sus discípulos en particular les declaraba todo” (Marcos 4:34)
Yeshua no siempre nos aparta para explicarnos cosas; Él nos explica las cosas a medida que las podemos entender. Le toma a YHVH todo el tiempo y la eternidad hacer a un hombre y a una mujer de acuerdo a su propósito. De la única forma que le somos útiles a YHVH, es si le dejamos limpiar todos los rincones y escondidijos de nuestro propio carácter. Tenemos que deshacernos de la idea de que nos conocemos a nosotros mismos, esa presunción debe desaparecer. Donde halla cualquier elemento de orgullo o altivez, Yeshua no puede exponer nada. Él nos trata a través de la decepción de un orgullo y un intelecto herido, a través de la desilusión del corazón. Tendrá que dejarnos solos. Escuchamos muchas cosas en los salones de clase, pero no entenderemos nada hasta que YHVH nos deje solos.
“Ninguno que milita se enreda” (2 Timoteo 2:4)
Ningún soldado que quiera agradar a sus superiores se involucra en negocios civiles. Cuando tenemos sentido de pertenencia, cuando estamos seguros de nuestra identidad como hijos de YHVH, cuando hemos entendido que pertenecemos a un Reino donde los parámetros de conducta son diferentes a los del mundo, cuando amamos a YHVH con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; no nos enredamos en los asuntos del mundo, no vivimos una doble vida tratando de complacer amigos, compañeros de trabajo o familia, mezclándonos y comprometiendo nuestra fe. Si de verdad Yeshua es el Señor de nuestra vida, honrémoslo viviendo la vida que el preparó con anticipación para nosotros.
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