Cuando la persecución y la aflicción se levanten, la Palabra debe estar en nuestros labios. Hechos 16:25 dice que cuando Pablo y Silas fueron encarcelados, a media noche oraban y cantaban himnos a YHVH. Ellos conocían el secreto de la libertad, la Palabra estaba en sus labios, no olvidaron la Torah, sino que dieron gracias y cantaron en su hora más oscura, en su media noche.
Hay más de 1.050 mandamientos en los Escritos Apostólicos. Pero ni los mandamientos continuamente válidos de la Torah ni los de los Escritos Apostólicos pueden ser considerados meritos o como si los cumpliéramos en nuestras propias fuerzas. Solo la dependencia en la gracia, propiciación y en el poder de la resurrección de YHVH nos capacita para obedecer de todo corazón.
Había un acueducto que llevaba el agua a Laodicea. El agua era fría y refrescante en el norte, pero para cuando llegaba a Laodicea ya estaba tibia. Y ya sabemos a qué sabe el agua tibia. Juan usa está bien conocida situación para caracterizar a los creyentes de Laodicea quienes no eran muy activos en la vida del Mesías, pero tampoco eran totalmente indiferentes.
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