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Gota de Amor - Abril 24/2012







“Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a YHVH nuestro Elohim, como él nos dirá” (Éxodo 8:27)


Tres días de camino eran suficientes para salir de Egipto y adorar a Elohim. Faraón le dice a Moisés: “Andad, ofreced sacrificio a vuestro Elohim en la tierra (Egipto)” y Moisés responde: “He aquí, si sacrificamos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearán?” – Éxodo 8:25-26. Para los egipcios los sacrificios de los hebreos era una abominación. Pero fue YHVH quien ordenó a Moisés decirle a Faraón que irían camino de tres días – Éxodo 3:18. Tres días iban a ser suficientes en un futuro para que Yahshua el Mesías abriera el camino del desierto hacía la tierra prometida, hacía la verdadera libertad. Después del milagroso cruce por el mar, el pueblo tiene sed y las aguas que encuentran son amargas. Pero más era la amargura que había acumulada en sus corazones después de tantos años de esclavitud. “Moisés clamó a YHVH y YHVH le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron” – Éxodo 15:25. Solo el dulce sacrificio de Yahshua en el madero podrá sanar la amargura de un corazón esclavizado por el pecado. El árbol que Moisés uso fue el árbol de la vida. El madero sobre el cual el sacrificio perfecto fue llevado a cabo, para que tú y yo tuviéramos vida y vida abundante. Nuestro viaje por el desierto, es un viaje necesario. “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. Es en el desierto donde escuchamos sin interrupción, donde no tenemos otra fuente de subsistencia más que nuestra total dependencia de YHVH, donde en el día tendremos la columna de nube y en la noche la columna de fuego guiándonos por el camino. Vamos camino de tres días, y adoremos a YHVH.

Gota de Amor - Abril 23/2012







“Y estando juntos, le mando que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oíste de mi” (Hechos 1:4)


Cuarenta días había pasado Yeshua con sus discípulos después de su resurrección. Fueron cuarenta días en los cuales confirmo la Torah en ellos, les recordó sus enseñanzas sobre el Reino y por supuesto le encomendó lo que el mundo cristiano llama “la gran comisión” de ir y predicar las buenas noticias de salvación, no sin antes pedirles que no se movieran de Jerusalén hasta que fueran equipados con el Ruaj HaKoddesh, para la labor asignada. Les pidió que esperasen la “promesa del Padre”. ¿Cuál era la promesa del Padre? “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Mesías Yahshua para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Ruaj HaKoddesh. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Adonai nuestro Elohim llamare” – Hechos 2:38-39. El Ruaj HaKoddesh es la promesa del Padre. El prometió no abandonarnos ni desampararnos, El prometió que su presencia estaría siempre en medio nuestro, así como la columna de nube y la columna de fuego acompañaron a Israel durante su viaje por el desierto. Hebreos 11:27 dice que: “por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Por la fe nosotros esperamos el regreso de nuestro amado Mesías, sostenidos por el Ruaj, en medio de un mundo en caos.

Gota de Amor - Abril 22/2012







“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)


Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.

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