El llamado a ser discípulo de un sabio o profeta en el Israel del primer siglo, significaba dejar familia, amigos, viajar bajo condiciones muy austeras y un total compromiso. El discípulo potencial debía primero estar seguro de que sus prioridades estuvieran en orden.
La sal es la única roca/piedra comestible, esencial para la vida, mantiene el equilibrio acido / base del cuerpo, regula el ritmo del músculo cardíaco, controla el agua en el cuerpo, permite la absorción de nutrientes. En la antigüedad se le llamaba el “oro blanco” y se usaba para preservar los alimentos, desinfectar heridas, purificar objetos, y pagar sueldos (salario = sal por el oficio diario).
El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo. La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable. Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta.
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