Aquí Juan nos está dando la prueba decisiva. De la forma más simple de comprender Juan explica cómo podemos estar seguros que le pertenecemos a Elohim: “Si guardamos su mandamientos (Torah)”. Claro como el agua, si alguien dice que le pertenece a Elohim y no guarda su Torah, es un mentiroso.
Muchos han malinterpretado el versículo 9, y han adulterado el mensaje del evangelio con una falsa enseñanza, diciendo que simplemente “aceptando ante el Mesías que eres pecador y pidiéndole que entre a morar en tu corazón, eres salvo”. Es triste que la gente crea semejante tontería, como si por simplemente reconocer su condición va a ser curado. Es absurdo, solo imagínese que usted va al doctor y solo porque el ponga un nombre a sus síntomas y usted acepte padecer de la enfermedad, ya se va a curar.
Los creyentes del Nuevo Testamento no pensaban que la religión era solo para los días de reposo o para lo que hoy en día llaman la “la casa de Dios”. ¿Necesita Dios dicha casa? El que hizo los cielos y la tierra no habita en templos hechos de manos humanas.
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