Edificar casa para los hebreos era: engendrar hijos / construir una familia. David quería construirle casa a Yaweh pero El dijo: “No he habitado en casa alguna desde el día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo” – 1Crónicas 17:5. Elohim sabía el problema que sería que el hombre empezara a construir casas, templos para El, sabía de la tendencia del corazón humano hacia la idolatría, sabía que el hombre siempre termina adorando la creación y no al Creador.
La tendencia humana del hombre es creer que él es el protagonista en la historia de su vida. Esta vista tan corta es consecuencia de la soberbia que llevada a extremos puede tomar la forma de narcisismo o aún de comportamiento sicopático, encoge el universo, limitándolo solo a lo que la persona ve con sus propios ojos y escucha con sus oídos, haciéndolo extremadamente pequeño, como un cañón encerrado por sus propias paredes.
Este es el inicio de la historia de dos hermanos que sin saberlo su madre ni ellos mismos, daría comienzo a una enemistad que ha permanecido por siglos. Esaú fue el hijo mayor y Jacob el menor. Esaú llego a ser Edom, hoy parte de Jordania, pueblo musulmán. Jacob llego a ser Israel.
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