La Torah constantemente nos exhorta a andar por los caminos del Señor. Hoy nos exhorta a chequear el camino por donde andamos, porque no requiere de mucho para desviarnos. Una pequeña arena puede lastimarnos los pies e impedirnos caminar bien. Un pequeño hueco en el camino, puede hacernos caer. Nuestro corazón – sentimientos, amor deseos – dictaminan en gran manera nuestra forma de vivir, simplemente porque de alguna manera, nos las ingeniamos para hacer lo que nos agrada. Así que, tenemos que tener cuidado y vigilar que nuestros afectos nos lleven en la dirección correcta. Debemos poner límites a nuestros deseos, poner bozal en nuestra boca, freno en la lengua, cuidar cada paso que demos. No vayamos tras todo lo que veamos y que nos parezca bueno, porque puede no ser bueno para nuestro corazón y nuestro espíritu. Miremos siempre hacia delante, pongamos nuestros ojos en el objetivo principal, no tomemos desvíos tratando de acortar caminos. Los caminos del Señor son claros, llenos de paz y nos conducen al fin deseado por Elohim para nuestra vida.
No hay nada más maravilloso que amar lo que uno hace, disfrutar de la obra de nuestras manos, y más cuando vemos que todo funciona perfectamente. Podemos llenar nuestra vida de actividades y sin embargo no estar haciendo lo que YHVH quiere que hagamos. Podemos asumir responsabilidades, cargas que pueden ser un peso o una prueba, o todo lo contrario, ser un gozo y toda una aventura, y sin embargo, no ser lo que YHVH quiere que hagamos. Hay un dicho popular que dice: “No todo lo bueno necesariamente es santo”. A veces la falta de amor o una afirmación negativa en la niñez, puede dejarlo a uno con un vacío y luego para compensar nos hallamos más tarde en la vida llevando cargas que YHVH no quiere que llevemos. El quiere primero que nos deshagamos de esas cargas innecesarias, que hagamos como los camellos en el Medio Oriente que se arrodillan para permitirle al dueño bajar la carga, y en humildad, le permitamos a El bajar todo ese peso de nuestros hombros. Y luego, que no demos ni un solo paso más sin encomendarnos a El y le permitamos nutrir nuestro espíritu con Su Ruaj Hakoddesh, llenarnos de su amor y sabiduría y que tanto nuestras obras como nuestros planes sean afirmados.
¿Alguna vez has hecho una cita con alguien sabiendo que la probabilidad de que la cumplan es absolutamente remota? En las Escrituras hallamos unas cuantas citas de estas, por ejemplo: YHVH hizo una cita con Abraham diciéndole que en 400 años se encontraría con su descendencia en ese mismo lugar. Se necesita mucha fe para vivir la vida proclamando dicha cita seguro de que quien la había programado la cumpliría. Yahshua hizo unas cuantas citas similares con sus discípulos y las cumplió. Pero también hizo una cita final para todos. ¿Qué le hace creer al mundo que la cita final no la cumplirá? Debemos vivir como Abraham no solo proclamando esa cita, sino preparándonos para ella. No es una cita a ciegas, es una cita programada y preparada desde la eternidad. La cita con el amor de nuestra vida. “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Cada día estamos más cerca. La Palabra dice: “ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). El vendrá, lo creas o no. “Ciertamente vengo en breve” ¡Shabbat Shalom!
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