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Gota de Amor - Febrero 7/2015

“Ojalá hubiéramos muerto por mano de YHVH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3)

 

El pueblo en vez de dar gracias por la liberación, empezó a quejarse de las condiciones y empezó a añorar a Egipto, quisieron volver a hacer ladrillos para los monumentos de Faraón.  Añoraron todo el confort de Egipto aunque fueran esclavos, la esclavitud enceguece cuando el pueblo se acostumbra.  “Si Israel no hubiera probado el pan de los Egipcios, no hubieran permanecido allá en exilio, ni los Egipcios los hubieran podido oprimir” – Rabino Hiya, Zohar 2, pp.6ª, 6b. El orgullo y el ego son los ladrillos que construyen fortalezas en nuestra mente.  Nuestra carne solo hace lo que la mente le dice.  Somos esclavos cuando elegimos serlo, se dice que nadie extraña lo que no conoce, así que es ese conocimiento del pecado y de hábitos fuera de los parámetros de Elohim lo que nos esclaviza. Esclavitud es decidir ser controlado por la realidad del mundo físico de los sentidos, del árbol del conocimiento del bien y del mal, por consiguiente, no tenemos opción acerca de cómo actuar, sino que simplemente reaccionamos a las emociones, sentimientos y a los pensamientos no renovados por el Espíritu.  La esclavitud es tan fuerte que perdemos la habilidad de tomar decisiones de acuerdo a la Torah.  Así que si no podemos decidir cómo actuar, es porque somos esclavos de algo, y esa esclavitud nos dictamina como relacionarnos con el mundo y con la gente.  No podemos permitir que Egipto permanezca dentro de nosotros, no podemos añorar la carne y el pan de los egipcios.  Esas ollas egipcias son la religión, hábitos, creencias, percepciones, prácticas, prejuicios, juicios, forma de vivir y enseñanzas que han condicionado nuestra mente para pensar, caminar y hablar como egipcios (sistema).  Ese deseo de volver al sistema, esa pasión y ambición por ser como las demás naciones, es consecuencia de haber comido mucha carne y pan leudado de los egipcios.  “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” – Romanos 6:16.  Escojamos ser esclavos de la obediencia para justicia.  ¡Shabbat Shalom!

 

Gota de Amor - Febrero 6/2015

“¿Para qué me sirve dice YHVH, la multitud de vuestros sacrificios?... ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1:11-12)

 

El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo. La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable. Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta. Hoy en día, el creyente fácilmente separa estas cosas, la vida en la iglesia, la adoración y todo el ritual involucrado, incluyendo cultos de alabanza, etc., son una cosa, y su vida diaria, social, laboral, emocional, es otra. Isaías en este capítulo 1, nos recuerda que el Elohim de Abraham no reconoce tal separación. La calidad de nuestra adoración como individuos y como comunidad, depende de la calidad de nuestra vida. El Templo y su ministerio, era el centro de la vida judía y su significado espiritual está explicito en todo el recuento de los Evangelios, muchos de los eventos del ministerio del Mesías giran alrededor del Templo. Yahushua vio la condición del corazón del pueblo, a través del Templo – “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del Templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas… Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre, casa de mercado” – Juan 2:15-16. Nada diferente a hoy en día. Luego predice la destrucción del Templo – “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” – Marcos 13:2. Destruir el Templo era destruir la vida misma del pueblo judío, pero como habían hecho del Templo el centro de una vida corrupta y alejada de Elohim, tanto que como dice en Isaías, lo sacrificios eran abominación para YHVH, era necesario destruirlo. “¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos, para seguir haciendo todas estas abominaciones? – Jeremías 7:10. No importa cuánto vayamos al templo, ni cuánto nos postremos y adoremos, todo será abominación a YHVH si nuestra vida no es recta y conforme a la Torah.

 

Gota de Amor - Febrero 5/2015

“Y vio YHVH que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”  (Génesis 6:5)

 

Desde que Adán escogió desobedecer a Elohim, el hombre siguió su ejemplo escogiendo también su propio camino.  Desde entonces el hombre ha construido sociedades y ha rechazado el Reino de Elohim.  Ha establecido sus propias leyes y ha ignorado la Torah.  Ha establecido sus propios gobiernos y ha hecho afrenta al Señorío del Mesías.  Ha inventado sus propias religiones y ha abandonado el Camino de Elohim.  No debe extrañarnos entonces, por qué el mundo está como está.  Así como el pueblo de Israel un día pidió rey porque quería ser como las demás naciones, el mundo hoy elige gobernantes corruptos, que gobiernen pueblos sin YHVH ni Torah.  “Los pueblos tienen los líderes que se merecen”, dice el proverbio popular, y no creo que haya en el mundo un pueblo que esté preparado para recibir el Reino del Mesías.  Necesitamos volver a Elohim, a Su camino y clamar por su regreso, que su Reino sea establecido aquí en la tierra aunque para eso, tengamos que pasar por tribulación como nunca antes. 

 

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