“Bueno es alabarte, oh YHVH, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (Salmo 92:1-2)
Es bueno recordar que en Elohim no existe el tiempo y que El conoce el principio y fin de todas las cosas, en nuestra vida y en el mundo. El conoce los tiempos tristes y los gloriosos, El sabe que hay cosas que no entendemos, como el universo y su expansión, los hoyos negros, las fuerzas de gravedad desconocidas, etc. El está en control del calentamiento global, de la era de hielo, y sin embargo El es Emmanuel, Elohim con nosotros, quien camina con nosotros a través de inundaciones, fuegos o hambrunas, está justo donde nosotros estamos. Está ahí, para sostenernos y darnos seguridad a través de lo desconocido, o para recibir el espíritu de quien es llevado a la eternidad. El ha puesto en acción las leyes de la conciencia y la naturaleza, las leyes de la siembra y la cosecha, las leyes del Espíritu de vida y muerte, las leyes de las bendiciones y las maldiciones, y sin embargo, Su corazón se rompe de dolor ante una humanidad decadente, que lo ignora y no quiere recibir nada de El. Necesitamos conocer al Elohim fiel quien nos ha revelado la salvación a través del Mesías Yahushua y proclamar como el Salmista: “No tendremos temor de malas noticias, nuestro corazón está firme, confiado en YHVH” – Salmo 112:7). El es fiel, ¡Aleluya!”
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
“Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de YHVH nuestro Hacedor. Porque El es nuestro Elohim” (Salmo 95:6-7)
Padre, venimos ante Ti, nos postramos ante Tu presencia en adoración. Sabemos que sin Ti nada somos ni nada podemos hacer, que eres Tu la razón de nuestra vida, el motor que nos mueve, el Aliento de Vida que nos sostiene. Te amamos Señor, nos rendimos ante Ti, reconocemos nuestra incapacidad y tu gran misericordia para llevarnos a lo largo del camino aún en momentos cuando flaqueamos. Gracias por mostrarnos cada mañana tu gran amor al poder ver la luz de un nuevo día con una nueva promesa, al ver que tu pacto sigue vigente, que no te has rendido con nosotros, que sigues haciendo tu obra, tu maravillosa y extraña obra en cada uno de nosotros. Te alabamos Padre, Roca nuestra, Castillo nuestro, nuestro Refugio y Consuelo. Recibe nuestra adoración y alabanza y danos la sabiduría para seguir creciendo en Tu gracia. Amen.
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