“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12)
El perdón es una de las experiencias humanas más profundas y dolorosas. Hay cientos de versiones baratas sobre el perdón, pero cuando la ofensa nos cuesta, es otro asunto. Tal vez nunca has pensado que las ofensas cuesten, pero cuestan, te pueden robar la salud física o emocional, afectar tu relación familiar, laboral o de amistad. Y algunas cosas se pueden pagar, pero solo el perdón cubre aquellas que no se pueden. Pedir perdón y perdonar es un acto de la voluntad, cada uno decide. Pero contrario a lo que la mayoría piensa, es la persona ofendida, la que no quiere perdonar, quien se haya en prisión. Prisionera de su propia amargura. Ahora, el perdón no significa que quien cometió la falta está exenta de las consecuencias, en absoluto. Cuando vamos a YHVH a pedirle perdón por todos nuestros pecados, eso no implica que no tenemos que hacerle frente a las consecuencias de una vida desordenada. El perdón cancela la deuda, y nos asegura que con YHVH podemos hacerle frente a las consecuencias y salir victoriosos aprendiendo las lecciones necesarias para seguir adelante sin resbalar en la misma piedra. La otra cara del perdón es el perdonar a aquellos que nos han ofendido. Al perdonar los hacemos y nos hacemos libres. Ellos libres de la culpa y nosotros libres de la amargura que no nos dejaba tener una relación pura y libre con YHVH y con los demás. ¡Shabbat Slalom!
“¿No es El tu padre que te creó? El te hizo y te estableció” (Deuteronomio 32:6)
Sabemos que somos el producto de un proceso natural. Pero, ¿es solo eso? Si fuéramos el producto de un proceso natural únicamente, entonces nada importaría, la existencia, conciencia, deseos, amor, todo no sería otra cosa que eventos físicos. La vida no tendría sentido, aun las relaciones no tendrían propósito. Los valores, estándares morales y éticos no tendrían bases, serían solo preferencias y deseos. Para muchos eso es exactamente, por eso no debe sorprendernos que las sociedades hoy en día corran desbocadas hacia una anarquía moral. Pero muchos sabemos que la vida si tiene sentido. Sabemos que las relaciones, especialmente las más íntimas no son producto del azar, y la relación padre - hijo es crucial para entender esto, porque nos da identidad y pertenencia, porque se deriva del Padre Eterno — “Porque en El vivimos y nos movemos…” Hechos 17:28. YHVH es el origen de todo, de nuestra vida, que use elementos secundarios como nuestros padres terrenales para traernos a este sistema, es irrelevante. Existimos porque YHVH así lo ha querido, El maneja las cuerdas de nuestra vida y saberlo nos debe dar tranquilidad y paz, porque aunque nuestros padres terrenales falten, YHVH está ahí, nuestro Padre Celestial siempre está presente ayudándonos a entender que la vida tiene un propósito y que solo lo podemos cumplir en El.
“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (Éxodo 33:16)
Uno de los deseos más fuertes de todo ser humano, es el deseo de pertenecer. No siempre estamos conscientes de ello, pero todos estamos hechos para conectarnos con otras personas. Aunque hay algunos que profesan ser felices solos, la mayoría de nosotros necesitamos saber que somos parte de algún tipo de comunidad; llámese familia, congregación, hermandad, etc. Cuando YHVH llamo a Abraham, su deseo era formar una nación diferente de las otras naciones del mundo. Sin embargo, Israel no estaba tan cómodo con ser diferente y siempre trato de ser como sus vecinos y pertenecer a la familia de las naciones, sin darse cuenta que esto sería fatal para ellos. Y no es que YHVH simplemente les diera unas reglas que los hacía diferentes, sino que Su presencia en medio del pueblo hacía la diferencia. Todos los pueblos tienen reglas y leyes, pero ninguna nación tenía al Rey del Universo en medio de ellos, guiándolos, peleando sus batallas, protegiéndolos y proveyéndolos. Hoy en día no es nada diferente, el pueblo de YHVH sigue incomodo siendo diferente y cada día se mezcla más y más con el sistema hasta el punto que ya es difícil saber quien es quién y quien sirve a quien. Y así como fue fatal para Israel, lo será para nosotros si no permitimos que la presencia de YHVH en nuestra vida, marque la diferencia.
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