“Si oyereis hoy Su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15)
Es muy importante hacernos un auto-examen y analizar nuestra vida delante de YHVH. El proceso no es fácil, ser honestos con nosotros mismos no es algo que hagamos con frecuencia, reconocer, admitir que somos: envidiosos, celosos, mal pensados, intolerantes, mentirosos, etc., no es fácil. Por lo regular buscamos un chivo expiatorio y justificamos nuestras acciones con motivos sanos como: no fue mi intensión, solo quería ayudar, me malinterpretaron, etc. Pero el principal motivo del Teshuvah (arrepentimiento) es traernos sanidad por la opresión de nuestros pecados – y no me diga que usted no peca – “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” – Eclesiastés 7:20. Recordemos que las zorras pequeñas son las más sutiles. Alguien dijo que los pecados son como las posesiones que nos cuesta tanto dejar, pero tenemos que abandonar todo aquello que daña nuestra relación con YHVH. Por lo regular solo llegamos al punto del abandono, cuando somos afligidos – “Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tu Torah” – Salmo 119:71. Yo digo que las aflicciones son “carrozas de YHVH portadoras de bendiciones”, “regalos mal envueltos” enviados por el Padre con el único propósito de acercarnos más a Él y mostrarnos Su gloria. Si oyes hoy Su voz, no endurezcas tu corazón.
“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1Corintio 13:11)
Según algunos sabios, los eventos del pasado no están grabados en piedra y nuestra relación con ellos puede cambiar. No tenemos por qué vivir nuestra vida con los traumas o amarguras del pasado. Teshuvah también significa apartar todo aquello negativo del pasado, aquellas cosas o eventos de nuestra niñez que nos marcaron negativamente, y crecer. El amor del Padre transforma todos los aspectos de nuestra vida, desde la cuna hasta la tumba. Él está presente allí donde lo dejamos cuando nos apartamos. Es imperativo volver, regresar al Camino, perdonarnos, perdonar y pedir perdón. Para muchos volver es difícil, aun creen que imposible, pero con YHVH todo es posible, aun el milagro de cambiar un corazón de piedra por uno de carne. Perdonar es la forma de liberarnos de aquello que nos tiene atados. Es dejar ir el dolor del pasado y hallar el valor para continuar. Solo cuando renunciamos a nuestra herida, podemos seguir adelante creciendo espiritualmente. La fe y el perdón están íntimamente ligados. Pidamos que YHVH renueve nuestra mente para que podamos discernir Su voluntad, que nos ayude a permanecer en El – “Vuélvenos, oh YHVH, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio” – Lamentaciones 5:21
“Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte” (Éxodo 26:30)
Sabemos que Elohim tiene un plan para cada uno de sus hijos, sabemos que hemos sido creados a su imagen y semejanza, y sabemos porque lo dice las Escrituras, que somos tabernáculo (Sukkah) de Elohim y que Su Ruaj (Espíritu) mora en nosotros. Elohim le mostró el modelo del tabernáculo a Moisés en el monte, le mostro Su gloria, le mostró el futuro glorioso de Su pueblo y le advirtió que debía hacerlo exactamente conforme al modelo que le fue mostrado. El hombre a través de los años ha deteriorado el modelo de Elohim, ha creado tabernáculos hechos con ramas o doctrinas de hombres, ha inventado lulavs de filosofías y fábulas de las cuales nos advirtió Pablo – “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según el Mesías” – Colosenses 2:8. El modelo mostrado a Moisés en el monte ya no existe, el tabernáculo que el hombre ha hecho para Elohim, está lleno de idolatría, de basura doctrinal y piensa que Elohim va a depositar Su gloria en él. Ya es hora de volver, escucha el llamado del Amado, vuelve a tu Elohim hija de Sion. Busca la verdad en la Torah, la senda antigua, Elohim no ha cambiado sus parámetros, Su Camino sigue siendo el mismo. Vuelve a tu Adonaí, Israel
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