“Y YHVH iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles” (Éxodo 13:21)
El versículo siguiente dice que nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube ni la columna de fuego. Jamás Elohim abandonó a Su pueblo. Aún en medio de todas sus rebeldías, les castigo, les mostró las consecuencias de su desobediencia y de su obstinado y rebelde corazón, pero el ángel de YHVH nunca los abandonó. Recordemos que el pueblo venía de pasar cuatrocientos treinta años de vivir bajo la influencia de una sociedad politeísta. Aunque vivían separados en Goshen, tenían algún contacto con ellos, veían la prosperidad de Egipto y fueron tentados a dorar sus dioses también. Pero en cada etapa del camino por el desierto, Elohim les mostró una y otra vez que su presencia estaba en medio de ellos, que no caminaban solos, que los llevaría a la tierra prometida y los establecería allí como Su pueblo, a la vista de todas las naciones. Salir de Egipto fue para Israel un asunto de vida o muerte, como lo es para nosotros hoy. Dejar el sistema es la única forma de ser verdaderamente libres. Debemos separarnos para Él y caminar sin temor por el desierto seguros de que Su ángel estará con nosotros a lo largo de todo el camino. “Porque no abandonará YHVH a su pueblo, ni desamparará su heredad” – Salmo 94:14.
“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los mas grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran transgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con Elohim. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos, porque no es el oidor, sino el hacedor.
“Pero, no solo esto, sino también gloriémonos en nuestras tribulaciones; porque sabemos que las tribulaciones producen paciencia, la paciencia produce carácter en todos sus sentidos, y el carácter produce esperanza” (Romanos 5:3-4 – Kaddosh)
El libro de Proverbios es un libro de sabiduría que nos muestra principios y nos da instrucciones de vida. Muchos de ellos hablan del carácter, el cual es más estimado que la reputación. Todos tenemos reputación – es lo que otros piensan de nosotros – lo que somos para ellos. Elohim no está interesado en nuestra reputación, Él está interesado en nuestro carácter, en lo que realmente somos. El carácter no se forma de la noche a la mañana. El carácter se forma con nuestras elecciones diarias, de cómo vivimos nuestra vida – de las elecciones que tomamos y que se convierten en nuestra forma de vivir, ya sea buena o mala. Algunas veces Elohim elige la tribulación para desarrollar nuestro carácter. Los tiempos difíciles prueban lo que realmente somos. Ellos desarrollan perseverancia mientras nuestros ojos están fijos en Yahushua y no en las circunstancias que nos agobian. El carácter no se puede divorciar de la paciencia, él crece con el diario caminar con Yahushua. El reconocer que somos responsables ante Elohim, influye las decisiones que tomamos – decisiones formadoras de carácter, basadas en Su fidelidad y en nuestra seguridad de que Él siempre estará con nosotros, lo sintamos o no.
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