“Yo enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Óseas 11:3-4)
Nuestro Padre Celestial nos atrae con cuerdas de amor, pero… ¡Cuánto luchamos contra ellas! Como el pez lucha por permanecer en el agua, así nosotros muchas veces luchamos por permanecer en el mundo, no queremos salir de Egipto y en esas pocas veces que vamos a El y experimentamos cambios, no siempre reconocemos que ha sido Su amor y misericordia lo que nos ha sanado. Somos lentos para reconocer ese jalón en nuestro corazón. El nos lleva a tener experiencias que nos enseñan a vivir y nos da la fe que necesitamos para crecer. El rompe las cadenas que nos atan, El quita el yugo de nuestro cuello, nos toma en sus brazos y cuida de nosotros. El nos acerca, nos lleva a tener una comunión íntima con él, nos invita a entrar y a disfrutar de la plenitud de Sus bendiciones en Su mesa de amor. Dejémonos llevar de Su mano, dejemos que nos enseñe a caminar por la senda que El mismo trazó y nos atraiga con cuerdas de amor, nos sane, nos de vida.
“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice nuestro Dios” (Isaías 40:1)
No hay ni un solo momento de tribulación en la vida de un creyente que pone toda su confianza en YHVH, en que no sea consolado y fortalecido por el Padre Celestial. La Biblia nos dice en 2Crónicas 16:9, “los ojos de YHVH contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con El”. El todo lo sabe, todo lo ve, conoce hasta el más mínimo detalle de la vida de sus hijos. A través del Ruaj (Espíritu Santo) nos trae palabras de consuelo y paz, llena nuestro corazón de confianza y quita todo temor. Otras veces nos consuela a través de personas que nos dan una palabra de aliento suficiente para llenarnos de valor y confianza, o un abrazo que lo llena todo y nos hace sentir seguros de que El está en control. No importa como lo haga, lo importante es saber que el Príncipe de Paz obra a nuestro favor y está ahí en el momento que lo necesitamos. Obvio que no siempre es fácil, y El dijo que en el mundo tendríamos aflicciones, pero también prometió nunca abandonarnos ni desampararnos. Hagamos como dice 1Pedro 5:7, “echemos toda nuestra ansiedad sobre el porque el tiene cuidado de nosotros”.
“Oh Dios, restáuranos; has resplandecer tu rostro, y seremos salvos” (Salmo 80:3)
Los restauradores de pinturas algunas veces experimentan la emoción de descubrir que hay una segunda pintura debajo de la que intentan restaurar. La pintura original ha sido cubierta y oculta a la vista por muchos años. Nuestras vidas pueden ser algo así algunas veces. Tenemos nuestro verdadero yo, oculto, cubierto con máscaras. Es como un mueble al que en vez de lijar para volver a pintar, le ponemos capa sobre capa de pintura y al final aunque se vea bonito, no tiene un color original. Necesitamos del amor del Padre y la obra de Su Ruaj Hakoddesh (Espíritu Santo) no solo para restaurarnos, sino también para mostrarnos que tenemos capa sobre capa de pintura. Máscaras que necesitan ser removidas, cosas del pasado que necesitan ser resueltas, temores creados por experiencias que preferimos ignorar en vez de tratar, inseguridades causadas por palabras ofensivas o despreciativas que no nos permiten entender el amor de YHVH. Hay actitudes que necesitan ser confrontadas para descubrir su verdadera raíz. Cosas que hacemos y no nos agradan, pero que ya la máscara está tan pegada, que es casi imposible de remover, pero si le permitimos al Padre Celestial, el pintor universal, restaurarnos, podremos finalmente mostrar nuestra verdadera imagen, creada según YHVH.
Hay 18 invitados y ningún miembro en línea