“El Elohim que hizo el mundo, siendo Adonai del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” “Mujer, créeme, que ha hora viene cuando ni es este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Hechos 17:24 y Juan 4:21)
Los creyentes del Nuevo Testamento no pensaban que la religión era solo para los días de reposo o para lo que hoy en día llaman la “la casa de Dios”. ¿Necesita Dios dicha casa? El que hizo los cielos y la tierra no habita en templos hechos de manos humanas. Ninguna casa o templo debajo del cielo es más santo o kaddosh (separado), que el lugar donde el creyente vive, come, duerme y alaba a YHWH en todo lo que hace. No hay mejor adoración que la ofrecida por familias separadas, santas, y temerosas de Elohim. Sacrificar la adoración del hogar por la adoración pública es la mas malvada manera de actuar. La devoción de mañana y noche en el hogar es más aceptable a los ojos de YHWH que toda la pompa de una catedral o templo, lo cual solo deleita el ojo y oído humano. Todo hogar de un verdadero creyente es un templo, y como tal, es competente para la ejecución de cualquier función de adoración divina. ¿No somos todos sacerdotes? ¿Por qué necesitaríamos llamar a otros para que hicieran un espectáculo de la devoción, adoración? Todo hombre debe ser sacerdote de su propio hogar. ¿No son todos ustedes reyes, si de verdad aman a nuestro Adonai? Entonces, hagan de sus hogares palacios de gozo y templos santos, lugares separados. Una de las razones porque la congregación primitiva era tan bendecida, es porque sus miembros tenían hogares de adoración. – De C.H. Spurgeon. “Se acordarán, y sé volverán a YHWH todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque de YHWH es el reino, y él regirá las naciones” – Salmo 22:27-28.
“Vestíos del nuevo hombre, creado según Elohim en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24)
Un problema que muchos creyentes tienen después de ser libres, es el problema de encontrar su verdadera identidad como seres libres. Se enfatiza mucho en el pecado y en lo frecuente que actuamos como si no hubiéramos sido libres del vicioso verdugo de nuestra pasada vida de pecado, pero se hace poco o nada para revelar nuestra verdadera identidad como seres libres. Esta identidad es importante. Pero igual como el ser libres no fue por nuestro propios esfuerzos, establecer nuestra identidad como seres libres, tampoco lo será. O, mejor dicho, no lo debe ser. Muchos se sientes contentos con ser parte del montón. No saben para donde van, o si van, ser parte de la multitud es todo lo que cuenta, se sienten a gusto así. Esos son los que, al igual que los hijos de Israel en el éxodo, perecieron en el desierto – porque nunca fueron en realidad libres. Ellos nunca dejaron a su antiguo amo, jamás lo cambiaron por el Amo del Universo. Pasaron los años quejándose de lo que tenían y extrañando lo que habían dejado. Mientras extrañes lo que dejas atrás, no puedes ser libre para salir. La gente libre es la que sale. Sale en busca de algo mejor. Sale en busca de la razón de su libertad.
Shabbat Shalom
“Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y El dijo: ven. Descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Yahushua” (Mateo 14:28-29)
Pedro salió, sin dudarlo, sin pensarlo, sin hacer una reunión con los discípulos para saber que opinaban, sin orar, sin preguntar, sin esperar por un momento mejor. Saco su pie y empezó a caminar sobre el agua cuando no podía ver, todo estaba oscuro. Salió cuando las olas eran grandes y violentas, fue sin el apoyo de otra gente. Pedro oyó la voz de Yahushua y respondió inmediatamente. Fue segundos después cuando vislumbro lo que estaba hacienda que dudo, su mente finita le jugo una mala pasada y se le olvidó que había sido el, quien había hecho el reto; “si eres tu…” Yahushua simplemente respondió. Algunos de nosotros podemos encontrarnos en el bote en este momento e igual que Pedro hemos dicho; “si esto es de ti, Señor…” y tal vez hemos oído la voz de Yahushua diciéndonos; “ven”, pero no vamos. Muchas veces dejamos que nuestra mente nos impida dar el paso y caminar en la oscuridad, con marea alta, porque se nos olvida que YHVH hace lo imposible, posible. Si hemos oído Su voz diciéndonos; “ven” no temamos, El está allí esperando que demos el paso, estará allí si perdemos la fe y desmayamos. Dejemos a un lado nuestra mente racional y sigamos la voz del Mesías.
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