“Porque yo sé que después de mi partida, entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29)
Pronto, después de la muerte de los apóstoles, el enemigo empezó a sembrar semillas de división y conflicto entre los creyentes causando la separación de los creyentes judíos y aquellos que venían de las demás naciones. Los llamados “Padres de la Iglesia” empezaron a introducir doctrinas y prácticas anti-semitas. Uno de los mas elocuentes, Juan Crisóstomo (344-407), cuyo nombre significa “boca de oro”, condeno a los judíos con el más grotesco lenguaje. El ahincó de los famosos padres de la iglesia por separar a los creyentes de las raíces hebreas, los llevó a cometer todo tipo de atrocidades. Desde el segundo siglo, la iglesia ya contaminada con el paganismo greco-romano, empezó a reprimir toda influencia hebrea entre los creyentes. Justin Martir enfatizó que todo lo que antes le pertenecía a Israel, era ahora propiedad de la iglesia, que la iglesia había reemplazado a Israel como el pueblo de Adonai. Agustín, el teólogo católico romano mas influyente, llamo a los judíos “hijos de Satanás”. Y como último ejemplo: Martín Lutero, quien fue muy amable con los judíos al comienzo tratando de convertirlos y al no lograrlo, se ensaño de la forma más vil en ellos. Las enseñanzas de todos estos hombres florecieron y cogieron raíces en el corazón de los creyentes. Doctrinas de hombres empezaron a reemplazar la Torah y hasta el día de hoy la iglesia está más centrada en los estatutos y decretos establecidos por los fundadores de las miles de denominaciones que actualmente existen y en el Nuevo Testamento alegando que el Antiguo Testamento fue abolido, y obviamente interpretado el Nuevo de acuerdo a como Orígenes, otro padre de la iglesia enseñó. “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” – 1Timoteo 4:1
“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron”. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Génesis 42:8 y 45:4)
Todos conocemos la historia de José como fue vendido por sus hermanos, puesto en la cárcel, luego interpreta los sueños del Faraón y a raíz de eso es exaltado como gobernador de Egipto. José termina vistiendo como un egipcio y lo más increíble y a lo que quizás no prestamos mucha atención, es al hecho que Faraón cambió el nombre hebreo de José por el nombre egipcio de: Zafnat-panea lo cual hizo aún más difícil que sus hermanos lo reconocieran. José era para ellos un egipcio más. José es sombra y tipología del Mesías quien en manos de la cultura greco-romana ha sufrido la misma transformación. Cuando el mensaje del evangelio llegó a los dispersos en Grecia, los judíos y prosélitos helenos, contaminados con el paganismo de la región, consideraron que era mejor presentarle a los gentiles un Mesías parecido a ellos e inician la transformación que termina con Roma cambiando Su nombre, hasta el punto que hoy en día, decirle a los creyentes que Yahushua es hebreo, que vivió como hebreo, que cumplió los mandamientos como hebreo y la única manera de entender Su mensaje es conociendo las raíces hebreas de la fe, es una total herejía. La transformación que Grecia y Roma le hicieron al Mesías fue tan perfecta, que no debe sorprendernos por qué los judíos no lo reconocen. Pero pronto vendrá de nuevo y dirá como dijo José a sus hermanos: “Mirad mis manos y mis pies, que YO MISMO SOY” – Lucas 24:39.
Pon a tu boca trompeta. Como águila viene contra la casa de YHWH, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley” “le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña” (Oseas 8:1 y 12)
Oseas describe el rechazo de la Torah y como este rechazo corrompió al pueblo y lo distancio de YHWH. En Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque te olvidaste de la Torah de tu Elohim, también yo me olvidaré de tus hijos”. Pablo describe a la gente que viviría durante los últimos tiempos, como culpable del mismo pecado, del rechazo de la Torah. 2Timoteo 3:1-6 – “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… amadores de los deleites más que de Elohim, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella…”. El cristianismo hoy en día tiene apariencia de piedad, de santidad, pero niega el poder de los parámetros de Elohim expresados en la Torah, que no son más que las instrucciones de Elohim para vivir una vida recta. Igual que en la época de Oseas, el pueblo está siendo destruido por falta de conocimiento, no quieren oír la verdad, la toman como “cosa extraña”. El pueblo no quiere escuchar nada que lo comprometa, que le exija, nada que le demande ser kaddosh (separado) del sistema. Igual que Israel, quiere tener rey como todas las demás naciones y ser parte del mundo o sistema, hacer y vivir como vive el resto del mundo. Pablo nos enseña que los creyentes de los últimos tiempos estarían involucrados en una apostasía masiva, en un rechazo a la fe de las Escrituras, en una negación de la Torah y su efecto. Este es precisamente el estado en que la iglesia se encuentra hoy en día. La iglesia niega que la Torah tenga validez sobre el Nuevo Testamento, no quiere ver que el Nuevo Testamento confirma la Torah. “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la Palabra (Torah) que habéis oído desde el principio” – 1Juan 2:7.
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