“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes…” (Romanos 11:17)
En el proceso de inserción, el árbol patrón y el vástago que va a ser injertado, deben ser de la misma familia. El tallo del árbol está formado de varias partes, siendo una de ellas el cambium, zona donde se encuentran las células vivas que producen el crecimiento del tallo, si en el proceso de inserción, los cámbium respectivos no coinciden, la unión fracasa. El árbol injertado debe absorber la vida del árbol patrón – “sabe que no sustentas tu a la raíz, sino la raíz a ti” – versículo 18. ¿Quiénes son las dos casas de Israel (olivo natural y silvestre)? Históricamente, eran el Reino del norte (Israel) y el Reino del Sur (Judá). Israel fue disperso entre las naciones, perdió su identidad, se mezcló con los pueblos y hoy en día se cree que hay millones de personas descendientes de las 10 tribus que ni siquiera lo saben, son llamados “Goim” o naciones en general. Se cree que las iglesias cristianas están llenas de Goims, descendientes de las 10 tribus que quieren volver a casa. La casa de Judá es el olivo natural, y los Goims (gentiles) injertados son el olivo silvestre, ambos forman el pueblo de Elohim, Israel. Elohim solo ha hecho pacto con Israel, y su propósito es de reunir las dos casas, judíos y gentiles injertados, en un solo pueblo. Yeshua lo dijo claramente – “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” – Mateo 15:24. La diferencia entre un judío creyente en el Mesías Yeshua y un Goim creyente, no es el Mesías sino la Torah, “la rica savia del olivo”.
“Han dicho: Venid destruyámoslos para que no sean nación, y no haya más memoria del nombre de Israel… Contra ti han hecho alianza las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas…” (Salmo 83:4-8)
La mayoría de la gente piensa que el problema entre Israel y los palestinos surgió en 1948 cuando Israel volvió a ser nación. Mas no es así, es un problema histórico. La Escritura anterior lo demuestra. Si lee los versículos del 4-8 y busca los nombres modernos de esas naciones verá que todos son musulmanes, descendientes de Ismael y Esaú, los eternos enemigos de Israel. Los palestinos, que en sí, son árabes, son simplemente el motivo puesto allí por todas las naciones musulmanas para justificar y ocultar el verdadero motivo del conflicto. Los palestinos no quieren la paz, quieren la tierra y aniquilar a Israel, está escrito, no podemos ser ciegos al hecho. Los musulmanes se declaran un pueblo de paz, según ellos, todo lo que el mundo tiene que hacer es aceptar y declarar que: Alah es dios y Mahoma su profeta. Que el mundo viva bajo la ley Sharia y todos tendremos paz. ¿Lo haría usted? No tiene porque preocuparse, si quebranta la ley, lo decapitan, no más. Es nuestro deber como creyentes el orar por la paz de Jerusalén, no hay ni un solo versículo en la Palabra donde Elohim nos mande a orar por la paz de Damasco, Beirut, Cairo, etc. no, es por la tierra donde a Él le plació poner Su Nombre que quiere que oremos. “Porque Yaweh ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí” – Salmo 132:13. “Pedir por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” – Salmo 122:6.
“Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción” (Isaías 10:27)
Todos somos esclavos de alguien o algo. Muchos que creen ser libres, con frecuencia están atados por pecados esclavizantes, adiciones, lujurias, presiones y objetivos de auto-progreso que causan estrés y aun enfermedades. Algunos están atados a religiones o sistemas de creencias que dan la apariencia de bondad y verdad, pero en sí, nunca han roto con el reino de las tinieblas. Millones, están atados a sus pasados, a aquello que los lastimó cuando niños, otros a líderes o personas que los manipulan y abusan de ellos y de su ingenua confianza. Las ataduras destructivas involucran el alma, la mente, la razón, las emociones, el carácter y la voluntad. Isaías aquí está profetizando de nuestros días, cuando esas cosas que nos oprimían serían quitadas por el Mesías Yahshua, y entonces, como una nueva creación en el Mesías, nacidos del Espíritu, hacemos contacto con la eternidad y tenemos una relación directa y personal con nuestro Creador. Pero para vivir esta transformación y que el yugo de esclavitud sea quitado de nuestros hombros, tenemos que arrepentirnos primero, luego abandonar todas aquellas cosas, hábitos, manera de pensar y de vivir del reino de la tinieblas y abrazar el Reino de la Luz y separarnos para El viviendo bajo los parámetros establecidos por El en la Torah. No podemos abrazar el Reino de la Luz, sin abandonar primero el reino de las tinieblas.
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