“Porque somos hechura Suya, creados en el Mesías Yahushua para buenas obras, las cuales Elohim preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10)
Millones de dólares se pagan alrededor del mundo por las llamadas obras maestras. Es sorprendente cuánto dinero dan por una pintura. Pero, ¿qué hace que una obra sea una obra maestra? No es el qué, sino quién. Un maestro hace una obra maestra. Hay un Maestro trabajando en ti. Tu vida es una obra de arte en Sus manos. Con Su toque perfecto, está pintando, esculpiendo tu vida día a día para crear Su obra maestra. Cada brochazo de pintura, cada color, cada forma que le da a la arcilla, llevan Su identidad para que luego sea reflejada en Su obra maestra. Pero cuando la arcilla que esculpe o el lienzo sobre el que pinta tienen identidad propia, hay problemas, pues sería como pintar sobre otra pintura o cambiarle la imagen a una escultura con remiendos de arcilla. Imposible YHVH no hace tal cosa, El hace todo nuevo, trabaja sobre la nada para formar Su obra maestra. Así que solo cuando nos humillamos y entregamos lo único que tenemos (voluntad) en las manos del Maestro, podemos brillar como Su obra maestra – “Tu eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” – Isaías 64:8. ¡Shabbat Shalom ¡
“La salvación es de YHVH; sobre tu pueblo sea tu bendición” (Salmo 3:8)
Yahushua les dijo a sus discípulos que fueran mar adentro y echaran sus redes para pescar. Cuando lo hicieron, sus redes se llenaron de peces hasta el punto que se rompían. El propósito de Yahushua no era mostrarles que el negocio de la pesca era bueno, sino para revelarles el gran poder y amor del Padre. Los bendijo con una buena pesca para que quitaran sus ojos de los peces y se enfocaran en el gran llamamiento que tenía para ellos. Pedro lo entendió y cayó de rodillas delante de Él. Yahushua le responde: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” – Lucas 5:10. Muchos se quedan enredados en las bendiciones, y de hecho, siguen al Mesías por la bendición, prosperidad y éxito. Pero el verdadero discípulo no se enfoca en las bendiciones del Señor, sino en el Señor de las bendiciones. Podemos regocijarnos en las bendiciones y dar gracias siempre por ellas, pero no quedarnos ahí, disfrutándolas y esperando más. Pongamos nuestros ojos en nuestro Maestro y en el llamado que tiene para nosotros. Cuando El ve que tenemos un corazón dispuesto y separado para Él, nos usará para cumplir su glorioso plan.
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19)
Charles Spurgeon, famoso predicador, dijo: “discernimiento no es simplemente un asunto de diferenciar entre lo bueno y lo malo; es más bien diferenciar entre lo bueno y lo más o menos bueno”. Diferenciar entre lo bueno y lo malo es fácil, pero a veces nos encontramos en la encrucijada de diferencia entre lo bueno y aquello que aparentemente es bueno, pero su trasfondo no es claro. Las Escrituras identifican al enemigo como serpiente, un animal experto en camuflarse dentro del ambiente en el que se mueve, hasta hacerse casi invisible en el momento del ataque. Satanás sabe que YHVH nos ha dado autoridad sobre él, y que ser obvio en el momento del ataque, sería fácilmente vencido. Por eso, se esconde en lugares insospechados esperando la oportunidad para robar, matar y destruir. Se camufla en un traje de buen hombre, piadoso, presenta doctrinas inofensivas y aparentemente buenas, especialmente en estos tiempos cuando la condición del cuerpo del Mesías es tan deprimente como dice 2 Timoteo 4:3 – “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que sintiendo comezón de oídos, se acumularán para sí mismos maestros conforme a sus propias concupiscencias; y apartarán el oído de la verdad, y serán extraviados a las fábulas”. Oremos para que YHVH nos haga expertos en discernir el camuflaje del enemigo, no olvidando que él se presenta como “ministro de justicia o ángel de luz”. No nos movamos por los sentidos sino por la guía del Ruaj, permaneciendo en oración y comunión con nuestro Padre Celestial.
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