“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el Día de Reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal” – Isaías 56:2
Es fácil caer en esclavitud sin darse cuenta. Así como se es esclavo del pecado, también se puede ser esclavo de las cosas del mundo que aparentemente son buenas. Así como se es esclavo del cigarrillo, de las drogas, se puede ser esclavo del trabajo. El Shabbat es un regalo de Elohim para sus hijos. Es un tiempo de descanso de las cosas del mundo y de comunión con nuestro Creador. Muchos se enorgullecen de ser hacedores de la Palabra, de creer en las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis, claman las promesas de sanidad, restauración, prosperidad, poder espiritual y autoridad en el Nombre de Yahushua y con valentía proclaman la Palabra a muchos, pero... ¿qué les pasó con el cuarto mandamiento? ¿Cuándo los diez Mandamientos se convirtieron en nueve? “… y a los hijos de los extranjeros que sigan a YHVH para servirle, y que amen el nombre de YHVH para ser sus siervos; a todos los que guarden el Día de Reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” – Isaías 56:6-7. ¡Shabbat Shalom!
“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:1-2)
Yahushua es la Torah viva, y Él quiere que permanezcamos (vivamos) en Sus enseñanzas (Torah). Yahushua usa metáforas de agricultura para referirse a nuestra obediencia a la Torah. Quien plante la semilla, hace la diferencia. Desde antes de la llegada del Mesías, los ancianos de Israel ya habían mezclado la Torah con tradiciones de hombres – “Invalidando la Torah de YHVH con vuestra tradición que habéis trasmitido” – Marcos 7:13. Cerca de dos siglos después de la partida del Mesías, los creyentes helenos al igual que los antiguos en Israel, mezclaron el mensaje con tradiciones y costumbres paganas que hasta el día de hoy tienen impregnada a la iglesia. Muchos han seguido enseñanzas de hombres ignorando la Torah de YHVH, convirtiéndose en una gran cosecha de maleza fertilizada que ha crecido con mentiras por muchos siglos. La persona promedio es controlada por medio de fortalezas (creencias, interpretaciones falsas) que le han sido enseñadas, y necesita pelear contra esas fortalezas con armas que las destruyan, con la Torah. Yahushua mismo no usó otra arma que la Torah, Palabra de YHVH para derribar las fortalezas que el enemigo quiso levantar contra El. Yahushua nos trae el Pacto, lo escribe en nuestro corazón y recibimos amor por la verdad. El pacto nos cambia, nos hace pueblo de Elohim, herederos de promesa, y sujetos a los vínculos del pacto – Efesios 2:8-13.
“Perdónanos… como también nosotros perdonamos” (Mateo 6:12)
La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
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