“Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre” (Proverbios 27:19)
Los reflejos en el agua tranquila son una maravilla de la naturaleza. La cantidad de colores y detalles que se reflejan, son un espectáculo digno de observar. La Escritura nos dice que el corazón del hombre refleja al hombre. Refleja la verdadera persona. Es desde el centro del corazón que vivimos la vida. Nuestras decisiones, emociones y comportamiento se originan en nuestro corazón. O sea que lo que está pasando en nuestro corazón, se evidencia en nuestra vida. Esta es una verdad que tal vez no nos guste. Las actitudes, creencias, resentimientos, disgustos, ira, temores, arrogancia son unos cuantos ejemplos de lo que podemos albergar en nuestro corazón y que no queremos que los demás vean; presentamos una imagen diferente a lo que realmente hay en nuestro interior, y no nos damos cuenta de que la gente muchas veces puede ver a través de la máscara que nos ponemos. Tal vez no vean todos los detalles del reflejo, pero si la esencia de lo que albergamos. Debemos ir a nuestro amado Padre quien nos sana y restaura hasta lo más profundo del corazón. Que revele lo que tratamos de esconder y nos ayude a tratar con la raíz del asunto. Y una vez sanos, debemos ser transparentes, abiertos para que los demás puedan ver el reflejo de Yahushua en nosotros. ¡Shabbat Shalom!
“Compañías de impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu Torah. A medianoche me levanto para alabarte por tus justo juicios” (Salmo 119:61-62)
Cuando la persecución y la aflicción se levanten, la Palabra debe estar en nuestros labios. Hechos 16:25 dice que cuando Pablo y Silas fueron encarcelados, a medianoche oraban y cantaban himnos a YHVH. Ellos conocían el secreto de la libertad, la Palabra estaba en sus labios, no olvidaron la Torah, sino que dieron gracias y cantaron en su hora más oscura, en su media noche. ¿Qué podían estos judíos mesiánicos estar cantando? Las oraciones y salmos de la Torah, que más podían cantar. No existían himnarios como hoy en día, ellos proclamaban la Palabra en oraciones y cánticos. El pondrá canción en nuestros labios en la hora más oscura, Él es nuestra fortaleza y nos llena de valor a través de Su Palabra. La Torah es luz en nuestra oscuridad – “Lámpara es a mis pies tu Torah, y lumbrera en mi camino” – Salmo 119:105. Es ahí cuando viene el sacrificio de alabanza, cuando estamos angustiados y sin deseo de alabar, es ahí cuando debemos alabarlo y adorarlo con todo nuestro corazón. La maldad que hay en el mundo hoy en día es suficiente para deprimirnos, a veces parece que el malvado ganara terreno, pero en esos momentos es cuando debemos recordar Su Palabra, porque es en Ella donde encontramos esperanza y fortaleza para romper ataduras y seguir adelante en medio de la oscuridad que atraviesa el mundo. Él ha prometido nunca abandonarnos ni desampararnos.
“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16)
Había un acueducto que llevaba el agua a Laodicea. El agua era fría y refrescante en el norte, pero para cuando llegaba a Laodicea ya estaba tibia. Y ya sabemos a qué sabe el agua tibia. Juan usa está bien conocida situación para caracterizar a los creyentes de Laodicea quienes no eran muy activos en la vida del Mesías, pero tampoco eran totalmente indiferentes. El sabor de la tibieza de estos creyentes en la boca de YHVH era un asunto serio. Dice claramente que los vomitaría de su boca. La gente era rica y proclamaba no tener necesidad de nada, pero a la vista de YHVH eran pobres, miserables, desventurados, ciegos y desnudos y debían arrepentirse. La vida de muchos creyentes hoy en día no es nada diferente. Vivir una vida separada (kaddosh) no aplica para muchos, es ser fanático, legalista y no conocer la gracia de YHVH que según ellos nos ha hecho libres para vivir como queramos. Debemos estar vigilantes y pedirle al Ruaj HaKoddesh que nos guíe y nos fortalezca para no caer en la tentación de negarnos a dejar la zona de confort y convertirnos en agua tibia, vomitivo de YHVH. Debemos estar siempre dispuestos a buscar el Reino de YHVH y Su justicia y no olvidar las palabras del Mesías cuando dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” – Mateo 6:21.
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