“Perdónanos… como también nosotros perdonamos” (Mateo 6:12)
La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
“Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos” (Josué 10:12-13)
¿Ha dejado YHVH de ser Elohim? ¿Podemos aún hoy esperar que Elohim pelee por sus redimidos? ¿Podemos esperar que ejecute de nuevo obras sobrenaturales que nos lleven a la victoria? Josué tenía una ventaja sobre nosotros – él podía ver no solo a su enemigo, sino también la manifestación física de la provisión de Elohim, pero el éxito de sus victorias estaba en que ponía la presencia de Elohim delante de él en cada batalla. Hoy, nuestro verdadero enemigo está escondido, no podemos verlo a simple vista, y tenemos que aceptar la Palabra de Elohim cuando nos dice que el enemigo está vencido. La Palabra de Elohim nos recuerda lo que YHVH ha prometido hacer – “No temas, porque Yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemará, ni la llama arderá en ti” – Isaías 43:1-2. No ha habido otro día en que el sol se detenga y la luna se pare, pero todos los días vemos la mano de Elohim en nuestra vida, guiándonos, proveyéndonos, protegiéndonos. No podemos poner nuestra confianza en nuestras habilidades, en lo que el sistema nos ofrece ni en otras personas, nuestra confianza solo puede estar basada en la verdad que las Escrituras nos revelan – “Si Elohim es por nosotros, ¿quién contra nosotros? – Romanos 8:31.
“Salió Yahushua de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. Y llegado el día de Reposo (Shabbat), comenzó a enseñar en la sinagoga…” (Marcos 6:1-2)
Fuimos creados con el propósito, de adorar y tener comunión con YHVH nuestro Creador. La observancia del Shabbat pone esto en perspectiva, este es el tiempo para Adorarlo y separarnos para El. Si verdaderamente amamos a Elohim y guardamos su Torah, no quebrantamos sus mandamientos voluntariamente, pero el cuarto mandamiento parece haber desaparecido de los “Diez Mandamientos”. No hay problema con los demás mandamientos, todos los creyentes los consideran válidos hoy en día: no robar, no matar, no adulterar, etc., pero por alguna razón desconocida el cuarto es ignorado y más aún atacado. Muchos que se denominan pueblo de YHVH hacen caso omiso de esta escritura: “porque cualquiera que guarde toda la Ley, y tropiece (viole) en un punto, llega a ser culpable de todos” – Santiago 2:10. Es decir, el dejar de observar un mandamiento, es igual a no cumplir ninguno. Cuando la iglesia dejo de observar el Shabbat, perdió su identidad como pueblo separado en el Mesías, lea la historia de la iglesia y vera el deterioro que ha sufrido desde entonces. Muchas comunidades cristianas más parecen hijas de Roma. El pueblo de YHVH debe andar en el poder del Ruaj Hakoddesh, con la Torah escrita en su corazón, dispuesto a obedecer en todo si verdaderamente ama a YHVH – “Si me amáis, guardad mis mandamientos” – Juan 14:15 – ¡Shabbat Shalom!
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