“Yeshua dijo: Mujer, créeme, el tiempo se está acercando cuando ni en esta montaña ni en Jerusalén adoraran al Padre. Ustedes no saben lo que están adorando; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos” (Juan 4:21-22)
Para una mente occidental, moldeada por el pensamiento greco-romano, estás palabras pueden sonar ofensivas. Desafortunadamente, estamos tan impregnados de la filosofía griega, que nuestra vida, pensamiento y aún manera de entender a Elohim, está determinado por la forma como el sistema que gobierna el mundo occidental ha moldeado al pueblo. En cuanto a la salvación, la diferencia entre el punto de vista de un griego y el de un hebreo es bien significativa. En vez de esperar ser transportado a un lugar celestial por toda la eternidad, el hebreo espera volver a vivir en el “Jardín de Edén”. Con este pensamiento en mente, la verdadera visión de la eternidad no está fundamentada en escapar de esta vida, sino en vivir para santificar y glorificar el nombre de YHVH, en esta existencia terrenal, obedeciéndole diariamente. La mentalidad griega – mentalidad de catedral, espera escapar de este mundo e ir a un lugar celestial por la eternidad. Profesa que el Reino de Elohim, existe en el cielo, no en la tierra. Esperan al Mesías para que los arrebate de este mundo. Es decir: consiga el tiquete ahora, o pierde el tren. La mentalidad hebrea – mentalidad de tabernáculo, creen que la salvación está en vivir en un lugar donde Elohim reina entre Su pueblo. El Reino de Elohim está aquí en la tierra donde YHVH reinará. Esperan al Mesías para que reine sobre ellos. Es decir: el Reino de los Cielos está a la puerta, preparémonos para recibir al REY.
“Esfuérzate y se valiente; porque tu repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos… Nunca se aparte de tu boca este libro de la Torah… “(Josué 1:5-9)
En el versículo 5 YHVH le hace una promesa a Josué: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida”. Seguro que como en el tiempo de Moisés, habría rebeliones, retarían su liderazgo y tendría que pelear muchas guerras contra sus enemigos, pero YHVH le asegura que estará con él como estuvo con Moisés. YHVH le anima a esforzarse y le da instrucción sobre dos cosas en particular: 1. La Tierra y 2. La Torah. La tierra no iba a ser entregada en sus manos, Israel tendría que pelear por ella, tendría que hacer guerra santa guiada por YHVH contra los habitantes paganos que vivían allí. Todo lo que Israel tenía que hacer, era pelear y tomar posesión de ella. La segunda área para la cual Josué debe esforzarse era para observar la Torah, y cuidar que Israel la observara. Iba a necesitar mucho valor porque al igual que con Moisés, muchos pelearían y confrontarían la verdad encarnizadamente. Hoy en día muchos somos confrontados, nos tildan de secta por seguir la Torah, nos acusan de haber abandonado la Gracia y volver a la esclavitud de la Ley (mala interpretación de la palabra Torah). No entienden que solo aquel que es libre puede recibir la Torah. Israel la recibió después de que salió de la esclavitud de Egipto. Nos acusan de legalistas y de cometer el pecado imperdonable, de tratar de volvernos judíos o peor aún, somos herejes por decir que Yahushua es judío. Es agotador a veces, pero YHVH nos pide que seamos valientes y que nunca se aparte de nuestra boca este libro – la Torah. La historia de Josué y la batalla por Canaán es un ejemplo de la batalla de nuestra vida en nuestro camino con YHVH hacia la Tierra Prometida. ¡Shabbat Shalom!
“Cuando Yeshua se había acercado más, y podía ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si supieras, tan siquiera hoy lo que se necesita para tu paz!” (Lucas 19:41-42)
Desde que Israel entró y tomó posesión parcial de la Tierra Prometida, ha buscado la paz con sus vecinos, mas no la paz ordenada por YHVH, sino la paz comprometiendo su fe y obediencia a Elohim. La paz que el hombre construye no es la paz que YHVH instruye. Para el hombre, la paz es invariablemente el resultado de dos cosas: guerra o tratado. En la guerra al menos sabemos que uno gana y el otro pierde. Pero ahora, más que nunca, el hombre busca la paz comprometiendo sus valores, cediendo sus derechos, desobedeciendo a Elohim. Esa no es la paz de la que YHVH habla en Su Torah. Su paz es absoluta, no involucra concesiones ni transige, Su paz proviene de la elección libre del hombre de elegir servir a Elohim como Él lo exige, y nada más. Israel no vio nada malo en acercarse y mezclarse con los pueblos que habitaban Canaán. No vio nada malo en buscar la paz con sus vecinos a su manera, participando de sus festividades y costumbres, dando respeto a sus creencias y falsos dioses y como resultado, disfrutar de una aparente paz, que tarde o temprano terminaría en guerra, ya que era una paz creada por el hombre y no reflejaba para nada la paz y prosperidad que Elohim tenía para Su pueblo. Su pueblo sigue transigiendo con el sistema, participando de sus festividades y costumbres, viendo sus dioses como algo normal y tolerable de lo que no tienen que separarse, sino tolerar. El movimiento de la Interfe está de moda y hay que seguirlo. El dicho es: “Todos los caminos van a Roma”, seguro que sí, pero “no todos los caminos van a Jerusalén”.
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