“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano” (Proverbios 18:24)
Hemos sido diseñados para compartir la vida con otros, para dar y recibir amor y para tener relaciones significativas. Y las verdaderas amistades son verdaderos tesoros, pero no surgen de la noche a la mañana, requieren trabajo y dedicación. Las relaciones superficiales no satisfacen esta necesidad, pero desafortunadamente, la mayoría de la gente deambula por la vida experimentando este tipo de relaciones, entrando y saliendo de ellas quedando cada vez más heridos, lastimados y terminando aislados con el pretexto de protegerse de amistades dañinas. Lo que muchos no entienden, es que, las relaciones saludables requieren un trabajo diligente. Cuando YHVH trae a alguien a nuestra vida, debemos dedicar tiempo y esfuerzo para cultivar esa amistad y crecer con ella. YHVH no pone a alguien a nuestro lado para que nos dé, sino para que compartamos. La amistad es un camino de doble vía donde los amigos, comparten: experiencias, proyectos, sueños; donde cada uno sabe que tiene un hombro para llorar, unos brazos para refugiarse en el dolor, una mano para levantarlo del piso, que cuenta con un consejo cuando lo necesite, de una palabra de aliento cuando esté a punto de claudicar, de una sabia amonestación cuando se esté saliendo del camino. ¡Gracias Señor por los amigos!
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